20 de enero de 2014 / 06:21 p.m.

En medio de una enorme expectación mediática y una comitiva de decenas de personas se escondía hoy Aurélio Pereira, ojeador del Sporting de Lisboa y considerado el descubridor del último Balón de Oro, el portugués Cristiano Ronaldo.

"Con catorce años, los compañeros ya decían que había llegado un extraterrestre", rememora con cariño el miembro del equipo técnico de los "leones", club al que llegó Ronaldo procedente del Nacional de Madeira para pagar una deuda pendiente entre ambos equipos.

De las 34 personas que hicieron el tradicional "paseíllo" oficial para saludar al futbolista tras recibir hoy en Lisboa la cruz de "Gran Oficial" de la Orden del Infante don Henrique -una de las mayores distinciones que otorga el Estado luso-, Aurélio fue con quien el astro luso más tiempo departió, reflejo de la relación que une a ambos.

A sus 66 años Pereira asegura en declaraciones a Efe que mantiene un contacto frecuente con el último Balón de Oro, del que destaca no sólo sus cualidades técnicas, sino también su carácter.

Él se erigió en una especie de tutor para el hoy futbolista del Real Madrid, que arribó al Sporting de Lisboa en 1996, con apenas once años de edad, gracias a "un cúmulo de casualidades".

El madeirense aterrizó en la capital lusa para hacer unas pruebas tras pasar por las filas del Nacional, que ofreció su pase al Sporting de Lisboa a cambio de saldar una deuda de 25.000 euros entre ambos clubes.

Pereira recuerda como entonces defendió la operación frente a los gestores financieros y los asesores jurídicos del equipo, impresionado por sus características técnicas y su personalidad.

"La velocidad con la que ejecutaba, el hecho de que rematara con las dos piernas, la técnica que mostraba con el balón en los pies y la confianza que despertaba entre sus compañeros para que le pasaran la pelota" son algunas de las características que en su opinión todavía hoy perduran en Ronaldo.

Aunque admite que en 1996 no podía "ni llegar a imaginar" lo que vendría después, subraya que desde en un primer momento "se notaba que estábamos hablando de alguien diferente".

El que fuera entonces su tutor lo define como un jugador completo, al que distinguía del resto no sólo su talento nato, sino también su esfuerzo y trabajo.

"El talento no lo es todo, muchos no tenían la dedicación que tiene Cristiano. Ya entonces siempre se quedaba un poco más en los entrenamientos o en el gimnasio para mejorar", explica.

"La confianza -subraya- era ya una de sus principales cualidades. Enseguida se hizo un hombre, creció muy rápidamente en términos de madurez".

De orígenes humildes, la familia fue una de las claves en su carrera, en opinión de Pereira, quien recuerda que su madre "apoyó" su traslado a Lisboa -donde vivió solo con otros veinte compañeros de las categorías inferiores del Sporting- debido en parte a su condición de aficionada de los "leones".

"Su madre siempre apoyó el sueño de Ronaldo de volverse futbolista profesional", asevera.

Todas estas "coincidencias" llevaron a Cristiano al equipo verdiblanco, que en los últimos veinte años se ha especializado en lanzar a algunos de los mejores extremos del mundo, como en su época lo fueron Luís Figo o Paulo Futre.

En sólo una temporada y con 17 años, Ronaldo ya mostró su calidad en el primer equipo del Sporting, donde únicamente consiguieron disfrutarlo esa campaña, la 2002-2003. El Manchester United pagó 17,5 millones de euros y al servicio de los "red devils" comenzó una meteórica carrera que sigue con orgullo Aurélio Pereira, su primer valedor y que no ve límites para su "pupilo".