24 de enero de 2013 / 02:15 p.m.

Monterrey • La risa es un sentido superior de inteligencia"”. La sentencia viene del sociólogo Armando Bartra, que en tono serio habla sobre el papel del monero Abel Quezada en la historia del cartón político del siglo XX mexicano.

Frente a él está un amplio mural de fondo blanco donde inicia la exposición Códice AQ. Abel Quezada, que está a punto de despedirse del Museo del Noreste.

Quezada fue un “dibujante” –según sus propias palabras– nacido en Monterrey allá por 1920, y tras su paso por diversos periódicos nacionales se convirtió en el mejor caricaturista de México durante el siglo pasado.

Más allá de su estado de origen, Bartra sitúa a la personalidad de Abel como la de “un norteño” en toda la extensión del adjetivo.

“"Es un hombre del norte emprendedor y pujante; es un hombre de Aridoamérica que para bien o para mal no es un hombre de Mesoamérica. Él nos da una visión extremadamente valiosa de México, muy punzante y más filosas que podemos encontrar"”, refiere Bartra, sociólogo.

El sociólogo se presentó anoche en el Mune junto a Agustín Sánchez, ofreciendo ambos la charla Posada y Quezada: El retrato de lo mexicano a través de sus imágenes.Quezada era un caricaturista ilustrado que amaba el jazz, el cine norteamericano, conocedor de la política y seguidor del béisbol.

“"Una de sus mayores virtudes es ser empático con el mexicano, no se burla como si fuera un bicho ni lo victimiza"”, refiere el periodista

LA OSCURIDAD DEL 68

Un recuadro negro bajo la leyenda “"¿Por qué?"” es quizás la imagen más atrevida publicada de Abel Quezada, publicada el 3 de octubre de 1968.

Sí, la referencia inmediata nos habla del luto por la Matanza de Tlatelolco pero observándola bien la imagen más bien habla de la “oscuridad” en que se sumergió el país en ese año, refiere el experto en temas del campo mexicano.

“"En un sentido más profundo lo que hay ahí es oscuridad, que va más allá de preguntarnos cuántos muertos hubo en Tlatelolco o quién lo organizó. Lo que hace él es enfrentarnos a la oscuridad"”, analiza Bartra.

Carlos Monsiváis lo reconocía como un “cartón magistral” que desbarataba la versión oficial de Díaz Ordaz. La imagen se volvió representativa y manifestó la crítica del caricaturista ante lo sucedido con el movimiento estudiantil.

Esto no le impidió a Quezada trabajar en la coordinación de medios durante la celebración de las Olimpiadas de México de 1968. De su integridad no se dudó.

“Monsiváis conoció muy bien el sentido de éste cartón, además de que se conocieron muy bien. Creo que compartían el sentido de la sátira moderna, que nace de Monsiváis con la crónica y en Quezada con el cartón”, señala el sociólogo.

Personajes como El Tapado, el Abominable Hombre de las Nieves o El Solovino siguen frescos a pesar de ser dibujados por Quezada hace más de 50 años.

Para Armando Bartra, éste es un rasgo excepcional en el trabajo de Quezada.

“"Para entender al mexicano uno tiene que reírse de uno mismo, y Quezada así lo entendió"”, concluye.

GUSTAVO MENDOZA LEMUS