11 de julio de 2013 / 01:11 p.m.

México• Al recordar a Django Reinhardt (1910-1953), su entrañable compañero en el Quintette du Hot Club de France, el violinista Stéphane Grappelli (1908-1997) hablaba en una entrevista sobre una fiesta en la que estuvieron como invitados Andrés Segovia, guitarra de concierto, y el músico que adaptó el sonido gitano al jazz. Se esperaba con ansias el encuentro de los dos gigantes.

Puntual, Segovia interpretó su repertorio; por su parte, Django se presentó tres horas más tarde con su sonrisa hechicera, su eterno desenfado y su particular noción del tiempo. Cuando le pidieron que tocara, refiere Grappelli, “por supuesto que había olvidado su guitarra y Segovia no le quiere prestar la suya, así que alguien tiene que volar en un taxi para encontrar una vieja caja en alguna parte. Y ahí tienes: Django toca un solo de guitarra con una plumilla y luego con los dedos y produce un sonido y unas improvisaciones tan fantásticas que Segovia se asombra y le pregunta: ‘¿Dónde puedo conseguir esa música?’. Django se ríe y replica: ‘En ninguna parte, ¡acabo de componerla!”.

La genialidad del padre del jazz gitano es recordada en Django Reinhardt: el swing de París, exposición que se inaugura hoy a las 19:30 horas en la Fonoteca Nacional, con materiales proporcionados por la Cité de la Musique de París, gracias a la colaboración dela Alianza Francesa. El grupo Le Petit Club de Swing ejecutará jazz manouche.

“Parecía que nada predestinaba a Jean Reinhardt, llamado Django, educado en la zona al pie de las antiguas fortificaciones de París, lisiado a los 18 años durante el incendio de su caravana, a imponerse entre los grandes músicos de jazz —se lee en uno de los paneles de la muestra—. Lejos del origen de esta música nacida en la comunidad afroamericana, Django Reinhardt logró, sin embargo, asentarse como el primer improvisador principal emergente en Europa”.

Fallecido hace 60 años, el guitarrista belga afirmaba que el jazz le atrajo porque en éste encontró “una perfección formal y una precisión instrumental que admiro en la música clásica, pero que no tiene la música popular”. Su música, continúa el texto de la Cité de la Musique, “se ha convertido en una fuente de inspiración dentro del nuevo género de jazz manouche, en referencia a sus orígenes cíngaros (gitanos provenientes de Europa del Este). Figura de cierta idea de la cultura francesa, noble y popular, Django Reinhardt encarna para los oídos del mundo un sonido y un ritmo: el swing de París”.

Benjamín Rocha, director de Promoción y Difusión del Sonido de la Fonoteca, explica en entrevista que la Cité de la Musique de París se caracteriza por realizar exposiciones con un muy alto grado de investigación. “Una vez que terminan su ciclo se mandan a otras partes del mundo, como es el caso de la muestra de Reinhardt, que consta de fotografías y material muy cercano a su vida y obra, así como de su grupo, el Quintette du Hot Club de France. También hay una parte multimedia interactiva, donde la gente puede tocar ciertos elementos y escuchar su música”.

Rocha destaca que uno de los valores que tuvo Django Reinhardt, “un belga avecindado en Francia, es que influyó enormemente en el jazz norteamericano, sobre todo por su gran forma de tocar la guitarra, esa técnica que puso de moda. A pesar de haber sufrido un accidente muy grave que le inutilizó parte de sus manos, creó un estilo totalmente virtuosístico, muy aplaudido e imitado, no solo por la manera armónica con la que construía sus melodías, sino porque gracias a una nueva digitación logró arrancar a la guitarra sonidos inéditos”.

XAVIER QUIRARTE