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30 de octubre de 2013 / 06:53 p.m.

Las calles del centro de La Habana lucían oscuras y silenciosas cuando una pareja de recién casados subió por una escalera gastada hasta llegar al tope de un viejo edificio, listos para disfrutar de su escapada ocasional al cine.

Dubied Arce y su esposa Dayelin Pérez abrieron una puerta estrecha e ingresaron a un ambiente con fresco, con pantallas a todo color y el sonido de una melódica canción de música country proveniente de una pantalla de televisor montada en la pared.

A la derecha había una sala de cine privada, con una pantalla de más de 5 metros (200 pulgadas), un proyector de alta definición 3D, cómodos sillones de cuero y un sofá que pueden ser ocupados por una veintena de espectadores. A su izquierda, consolas de videojuego Xbox, conectadas a pantallas planas, traídas por cubanos desde el exterior.

Muchos cubanos están discretamente abriendo salas de cine privadas en las partes traseras de sus cafés o salas de juego, aprovechando las ambigüedades de las reformas económicas recientes y estableciendo una forma de empresa privada que no había sido prevista por las autoridades que dictaron las nuevas leyes.

"Es muy tranquilo el ambiente, ahora por lo menos hay más opciones", dijo Pérez, de 27 años, mientras comía sus palomitas de maíz y esperaba junto con su esposo y otras cuatro personas que empezara la película, la obra de terror "Saw 3D".

Los salones de películas 3D y de videojuegos son tan populares que el gobierno no puede ignorarlos. Las autoridades dijeron el domingo que iban a regular esas actividades, generando temores de que el gobierno se apresta a poner fin a esta incipiente forma de empresa privada.

"Todavía no hay una información concreta de que lo vayan a permitir o no. Pero tampoco vinieron para decir que no es permitido. No han dicho nada", expresó el administrador de un salón de video del centro de La Habana que habló a condición de no ser identificado debido al nebuloso status legal del negocio. "No se sabe".

El presidente Raúl Castro ha legalizado empresas independientes a pequeña escala en casi 200 áreas de la economía desde que asumió el cargo en el 2010, en un esfuerzo por estimular a la economía cubana. La incipiente apertura ha generado unos 436.000 puestos de empleo, pero viene acompañado de impuestos y normas para regular a un sector privado que comienza a competir con el sector público.

Estas salas de cines y de juegos no son mencionadas específicamente en las nuevas leyes. Sus propietarios usualmente son dueños de restaurantes o cantinas que añaden esas nuevas secciones.

El órgano del Partido Comunista Juventud Rebelde publicó el domingo un artículo de 3.260 palabras sobre las salas de videos según el cual las autoridades están hablando de la necesidad de hacer algo.

”¿Qué hacer: prohibir o regular?", preguntó el viceministro de Cultura Fernando Rojas en el artículo. "Creo que se trata de regular, a partir de una premisa fundamental: el cumplimiento por todos y todas de lo que establece la política cultural".

El diario dijo que Rojas cree que las salas de video promueven " mucha frivolidad, mediocridad, seudocultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad".