1 de septiembre de 2013 / 10:18 p.m.

Ciudad de México • La Arquidiócesis Primada de México acusó a las autoridades de migración de indiferencia total hacia el dolor de los migrantes, a una semana de registrarse el descarrilamiento del tren llamado "La Bestia" en Tabasco.

La Iglesia católica lamentó la muerte de muchos migrantes en la que consideró una "absurda travesía" en un tren de carga que recorre todo el territorio nacional, desde el sur hasta la frontera con los Estados Unidos.

Se trata, especificó la Arquidiócesis, de "un tren con vías descuidadas y vagones obsoletos, llamado popularmente y con amargo realismo la Bestia, es decir, algo salvaje y destructivo donde las principales víctimas son muchos de nuestros hermanos centroamericanos".

De acuerdo con la editorial del semanario Desde la Fe, "incontables veces y de formas variadas, incluida la voz de la Iglesia, se ha denunciado el atropello del que son objeto los empobrecidos centroamericanos: extorsionados por las autoridades de Migración, saqueados por la delincuencia común y ultrajados por el crimen organizado".

Aunque muchos buenos mexicanos les ayudan en su paso, ya que algunos albergues les apoyan y los reciben, recordándoles su dignidad humana y su valor como personas, "el sistema en general sigue sordo y ciego ante esta realidad. Sólo tiene una tibia reacción cuando llega el día de la tragedia".

En ese sentido el Arzobispado advirtió que los inmigración en el mundo se han convertido en un "problema" que alcanza dimensiones de tragedia humanitaria, ante la indiferencia y la insensibilidad de quienes deben tomar medidas políticas y económicas al respecto.

Y es que, destacó, que "todos somos responsables: ¿qué están haciendo las autoridades de la Secretaría de Gobernación?, ¿qué hacen los legisladores?, ¿cuál es la respuesta de las organizaciones civiles?, ¿qué hacen las comisiones de derechos humanos?

La realidad es que poco se puede esperar del sistema corrupto y desorganizado de las autoridades de Migración, indicó la Arquidiócesis Prima de México.

En este marco exhortó a la sociedad a no seguir con los brazos cruzados ante la tragedia de pobreza y humanidad, pues "debemos recuperar la capacidad de llorar, como dice el Papa Francisco".

Es decir, la capacidad de conmovernos, de indignarnos y de actuar para que el mundo sea más justo, "no podemos dejarnos llevar por la globalización de la indiferencia", abundó.

"Nuestros migrantes en Estados Unidos libran su propia lucha, ¿qué hacemos por los que recorren nuestros caminos y ciudades?", cuestionó.

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