24 de febrero de 2013 / 06:36 p.m.

 En Álamos no quieren a María Félix. La frase se repite una y otra vez en esta ciudad del sureste de Sonora, en la que nació el ocho de abril de 1914. “Era altanera y prepotente, pero fue la diva del cine mexicano”, se escucha en la grabación de una “calandria” motorizada que se detiene un momento frente a la casa familiar de la estrella de Doña Bárbara, convertida en museo visitado, sobre todo, por turistas.

La construcción estaba en ruinas cuando la adquirió la estadunidense Lynda R. Barondes, quien en 2002 la convirtió en el Hotel Casa de María Félix, de seis habitaciones, amplios jardines y alberca, además de la galería donde se exhiben fotografías de la actriz.

—Se fue siendo niña y solo una vez, por unos días, regresó a Álamos. Se olvidó de su tierra y los alamenses nunca le perdonaron ese olvido —dice una conductora de televisión de Hermosillo que, a finales de enero, se encontraba en la ciudad con motivo del Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado, el más importante de música lírica en el país.

Pero si María Félix no es bien apreciada en Álamos, el nombre de Alfonso Ortiz Tirado se pronuncia con respeto y admiración. Fue un gran tenor elogiado por el mismo Enrico Carusso —El rey de los tenores—, quien lo escuchó cantar durante un ensayo en el Teatro Esperanza Iris, en la Ciudad de México, en 1919.

De acuerdo con el maestro de canto Enrique Jasso, entrevistado por Virginia Bautista para el periódico Excélsior: “Cuando Alfonso vio que Carusso había presenciado su ensayo, se sentó en el suelo a llorar de emoción”.

Ese mismo año, Ortiz Tirado se recibió como médico cirujano. En una biografía preparada por Enriqueta de Parodi, el artista dice: “El recuerdo más grato para mí, un recuerdo que no empalidece el tiempo, es aquel en que puse en las manos de mi madre mi título profesional”.

***

Álamos es una ciudad colonial de calles estrechas y empedradas, calles —la mayoría— que suben y bajan por las laderas de los cerros que rodean un pequeño valle. En el centro están la Plaza de Armas, con el quiosco, los portales y la parroquia de la Purísima Concepción.

Es un conjunto armónico que en los días del Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado se desborda con tantos visitantes que llegan de poblaciones aledañas; la mayoría son jóvenes que se adueñan de todos los espacios y bailan, cantan, beben cerveza con desesperación y colman los días y las noches de alegría y belleza.

El recorrido de las “calandrias” es corto, pero de gran interés. Parten de la Plaza de Armas y sus escalas permiten apreciar mejor la herencia colonial de la ciudad, el esplendor de su pasado minero. Mansiones convertidas en hoteles de lujo, edificios sólidos e imponentes como el Palacio Municipal, que durante el Festival Alfonso Ortiz Tirado se vuelve escenario de las estrellas invitadas, acompañadas por la Orquesta Filarmónica de Sonora. Este año la clausura estuvo a cargo de la soprano regiomontana Eugenia Garza y el reconocido tenor estadunidense Suart Neill. Ahí también han cantado la coreana Sumi Jo y las mexicanas Encarnación Vázquez y María Luisa Tamez, así como Arturo Chacón, Francisco Araiza, Fernando de la Mora, Carlos Almaguer y un largo etcétera de primeras figuras de la ópera.

El Palacio Municipal no es la única sede del festival. La parroquia de la Purísima Concepción, donde predomina la música de cámara, el Callejón del Templo, la Casa de las Delicias y el Museo Costumbrista de Sonora son otros lugares donde se llevan a cabo espectáculos populares que van de la música norteña al rock y del pop a la salsa.

***

Desde el Cerro del Mirador se observan las minas abandonadas y la ciudad que crece sobre laderas. Es pequeña todavía y en ella han encontrado refugio jubilados, principalmente de Estados Unidos y Canadá.

En las “calandrias” se habla de sus huéspedes distinguidos: Rita Hayworth, Neil Armstrong, Sylvester Stallone, entre muchos otros, y se van enumerando sus construcciones más importantes: Hotel Casa de los Tesoros, Hotel Hacienda de los Santos, la Mansión del Chocolate —con su amplio y hermoso portal—, llamada así porque alguna vez perteneció a los dueños del emporio chocolatero Hershey’s.

La Alameda y el Callejón del Beso son otros lugares emblemáticos de este pueblo mágico, fundado el ocho de diciembre de 1685 por Domingo Terán de los Ríos, también conocido por haber sido el primer gobernador de la provincia de Texas, entre 1691 y 1692, cuando ésta era parte del Virreinato de la Nueva España.

En el siglo XVIII, debido al auge minero, Álamos se convirtió en la ciudad más importante del noroeste del país y en su Casa de Moneda se acuñaban valiosas monedas de oro, plata y cobre. Después —dicen los historiadores— vino el declive y el abandono y sus hermosas casas, con amplios patios y jardines interiores, comenzaron a deteriorarse.

Pero esa decadencia quedó atrás hace mucho tiempo. En la actualidad la ciudad es segura, limpia, libre de grafitis y con una actividad cultural de la que forman parte el Festival Alfonso Ortiz Tirado, próximo a cumplir su trigésima edición, y el Festival Internacional de Cine Álamos Mágico, que se llevará a cabo del 14 al 17 de marzo.

***

La historia de una ciudad se fragmenta en muchas, incontables historias. Es difícil pensar en otra cosa mientras la “calandria” recorre las calles de Álamos y la voz que sale de las bocinas describe pálidamente lo que se aprecia a simple vista: un lugar de impecable belleza y tranquilidad en un México convulsionado. No es poca cosa.

ALBA Q. GÓMEZ