20 de noviembre de 2014 / 03:19 p.m.

Nadie cuestiona la dureza de Chris Algieri, no después de que se levantara tras ser derribado en dos ocasiones, y combatiera medio ciego el resto del tiempo para lograr de alguna manera una victoria por decisión en su lucha por el título en junio con el temido Ruslan Provodnikov.

También es difícil decir algo negativo sobre su habilidad de boxeo, con un gancho izquierdo que le dio 20 victorias en otros tantos combates profesionales.

Pero cuando llegó la hora de enfrentarle con Manny Pacquiao, el promotor Bob Arum tuvo problemas para encontrar un reclamo que convenciera a los aficionados al boxeo de que gastaran sus preciadas ganancias en un combate en emisión bajo demanda que para muchos parece apenas un trámite en el camino de Pacquiao para llegar a lo que de verdad quieren ver, la esperada pelea con Floyd Mayweather Jr. por el reinado de todo el mundo del boxeo.

¿Un boxeador con una maestría en nutrición clínica, al que le gusta cocinar y tuitear fotos de su comida? Es bonito, pero lo que vende en el boxeo son los golpes, no los títulos.

¿Un hombre de 30 años, de un barrio de clase trabajadora de Long Island, que se convirtió en campeón del mundo cuando aún vivía en el sótano de sus padres? Es una buena historia, pero el boxeo está lleno de historias que en realidad no venden.

Así que, ¿qué tal el hecho de que aún trabajaba como entrenador personal para amas de casa de mediana edad en Long Island por 45 dólares la media hora, la semana en la que peleó contra Provodnikov? ¿Y que utilizó los 115.000 dólares del premio —que resultaron ser 100.000 dólares más que su premio más alto hasta entonces— para pagar sus préstamos universitarios?

¡Vendido!

"Es un Rocky de la vida real", dijo Arum. "No tenemos un chico como Algieri en el boxeo muy a menudo y eso es lo que vende el espectáculo".

Hasta esta semana, eso era casi el único interés del combate del domingo por la mañana entre el púgil filipino, futuro miembro del Salón de la Fama, y el chico de Huntington que empezó en el kick boxing antes de probar suerte en el boxeo. Algieri podría ser el combatiente con más habilidad mediática que verá jamás, y está más que dispuesto a hacer su parte para vender una pelea en la que ganará unos dos millones de dólares.

Hace un año estaba dispuesto a abandonar, después de ver cómo el ruso Magomed Abdusalamov quedaba en coma tras un combate en el Madison Square Garden. Ahora se enfrenta al que podría estar entre los dos mejores combatientes del mundo, al otro lado del mundo, en este enclave del juego en China.

"Todo mi mundo ha cambiado", dijo Algieri a la Associated Press esta semana. "Ni siquiera puedo salir a la tienda sin que me reconozcan. Pero ésa es una cruz que estoy más que dispuesto a llevar".

Las casas de apuestas no son optimistas con las posibilidades de Algieri ante Pacquiao, en un combate en el que se jugará una parte del título de peso wélter, con un peso límite de 144 libras. Con buenos motivos, porque aunque Pacquiao no siempre ha impresionado últimamente, parece conservar la rapidez y agilidad que le permitieron ganar 56 de 63 combates de su destacada carrera.

Pero Algieri le saca media cabeza al filipino, y ante Provodnikov demostró que puede soportar la presión y los golpes fuertes. Su izquierda es el gran factor que le da opciones, y la usó con la bastante frecuencia como para acumular suficientes puntos como para convencer a dos jueces de que le otorgaran una victoria por decisión contra el ruso.

Pero aunque Sylvester Stallone estará presente en el Cotai Arena para continuar con el tema de Rocky, la vida no siempre imita al arte. Pacquiao parece haber reconducido sus energías al entrenamiento, haciendo hincapié en golpear el saco para buscar su primer nocaut desde que derribó a Miguel Cotto en el duodécimo round, hace casi cinco años exactos.

"Esto no es una película de Rocky", dijo el entrenador de Paquiao, Freddie Roach. "Esto es de verdad y Manny lo va a noquear".

Hay mucho en juego para Pacquiao, en un combate que le hará ganar más de 20 millones de dólares. Estará frente a muchos de sus compatriotas de la vecina Filipinas, donde es un héroe nacional, pero más importante: debe lucir bien si quiere que den fruto las conversaciones preliminares sobre un enfrentamiento Pacquiao-Mayweather el año que viene.

"La velocidad sigue ahí, la potencia sigue ahí, el hambre sigue ahí", dijo Pacquiao. "Pero sigue dependiendo del rival".

El domingo por la mañana —el combate comenzará en torno al mediodía para llegar a la audiencia de pago por visionado en Estados Unidos— se sabrá más sobre quién es de verdad ese rival.

Si Algieri encuentra el modo de ganar, sin embargo, no se sorprenda si Stallone es una de las personas más felices en el edificio.

AP