19 de marzo de 2013 / 03:55 a.m.

En total 170 delegaciones de diversos países acudirán y cada uno de los enviados acude a la plaza que ya se encuentra cercada con vallas para hacer un reconocimiento de la zona.

 

El Vaticano.- La Plaza de San Pedro en el Vaticano está casi vacía, a la espera de que el papa Francisco asuma el control de la Iglesia católica.

Horas antes de que asuma el Papa número 266 todavía hay espacios en la Plaza, las cámaras de prensa están apagadas pero ocupan un tercio del lugar, en espera de que inicie la nueva etapa.

La tensión la generan cientos de hombres de negro que con diligencia suben y bajan escaleras, acomodan sillas y cuentan espacios que estarán abarrotados de personas que irán por la primera bendición del papa Francisco, después de la inauguración de su pontificado.

Irónicamente, el templo católico es más parecido en ese momento a una torre de Babel con una mezcla de más de 30 lenguas de diversas partes del mundo. Lo mismo se escucha una pareja que habla en mandarín con uno de los guías que intenta convencerlos de que no pueden esperar hasta mañana para recorrer la Basílica que una madre italiana que discute a gritos con su hija adolescente para tomarse una foto con ella.

Los guías y guardias de la Iglesia aseguran que el tránsito de turistas ha aumentado, pero nada para alarmarse, “cada tanto es igual, hay días que la gente se acuerda más de Dios”, dijo uno de tez blanca y pecas en toda la cara con un español claro y bien pronunciado.

En total suman 170 delegaciones de diversos países las que acudirán y cada uno de los enviados acude a la plaza que ya se encuentra cercada con vallas para hacer un reconocimiento de la zona, para conocer el protocolo que será difícil de romper con poco más de 70 mil personas amontonadas para llegar hasta ahí por una bendición.

Mientras, los cardenales están en lo más parecido a una fiesta, los mexicanos tuvieron un encuentro con el presidente Enrique Peña Nieto, quien arribó a Roma el pasado lunes en medio de una lluvia que forzó a que los saludos protocolarios no duraran más de medio minuto.

Otros más que se reunieron con espíritu festivo fueron los cardenales españoles, quienes a unas cuadras de la Fuente de Trevi en medio de la vida nocturna romana tuvieron a bien reunirse a las afueras de la embajada para tomar dos tasas de café antes de que el frío los hiciera volver al interior del inmueble.

Dentro de la Basílica de San Pedro está colocada la indumentaria que llevarán los cardenales. El templo luce impecable a pesar de que no deja de ser hervidero de gente que toma fotos sin distinguir demasiado entre una y otra.

En la sacristía de la Basílica, en la cúpula del lado izquierdo de la iglesia, se encuentra la tumba de los pontífices, donde por única vez no se encuentra el antecesor del Papa que asumirá el cargo.

El nombre de Juan Pablo II es el último que aparece en la placa de mármol gris que anuncia a todos los moradores de dicha tumba.

A una de las religiosas le preocupa la ausencia del nombre de Benedicto XVI en el retablo y extienden un rezo para el Papa ahora honorario, que sentó un precedente en la Iglesia católica y que ahora verá en persona su sucesión.

La calma del interior de la Iglesia contrasta con la del atrio en la Plaza de San Pedro donde algunos jóvenes de colegios católicos tratan de ser controlados por párrocos que los cuidan y los cuentan cada 10 minutos sólo para enterarse que de nuevo uno más se separó del grupo.

"“Mi rebaño es pequeño y me falta paciencia. Habrá que rezar a Dios para que el Papa tenga más de la que me dio a mí”", dijo un párroco con un suspiro.

MIRIAM CASTILLO