13 de mayo de 2014 / 01:03 a.m.

El costo de construir el estadio de la Copa del Mundo en Brasilia casi se ha triplicado a 900 millones de dólares en fondos públicos debido en buena medida a que se inflaron las sumas mediante facturas falsas, afirman auditores del gobierno. Ese aumento de costos lo convierte en el segundo estadio de fútbol más caro del mundo, a pesar de que la ciudad no tiene siquiera un equipo profesional de envergadura.

El estadio Mané Garrincha, con 288 enormes pilares de cemento que sostienen un techo de alta tecnología que se limpia solo, es el proyecto más costoso del Mundial de Brasil, que generó 11.500 millones de dólares en gastos. Sus críticos lo describen como el ejemplo más acabado del despilfarro y la mala administración, por no decir cosas peores.

Ahora, un análisis por parte de The Associated Press de la información en poder del principal tribunal electoral de Brasil muestra un aumento estratosférico de las contribuciones de campaña por parte de compañías que han ganado la mayoría de los contratos de proyectos de la Copa del Mundo. El principal constructor del nuevo estadio de Brasilia multiplicó por 500 sus donaciones en las más recientes elecciones.

Los vínculos entre las firmas de la industria de la construcción y los políticos no hacen sino agravar las sospechas entre los brasileños de que la gran fiesta del fútbol está machada por la corrupción. Y plantean interrogantes sobre si los políticos que se benefician de las generosas contribuciones de estas firmas pueden realmente supervisar los gigantescos contratos de más de mil millones de dólares relacionados con el Mundial. La rabia por lo que se percibe como corrupción ayudó a alimentar las masivas protestas del año pasado, y hay temores de que el malestar pueda arruinar el Mundial.

"Estas donaciones agravan la corrupción en este país y dificultan mucho combatirla", dijo Renato Rainha, árbitro del Tribunal de Cuentas de Brasilia, que está investigando los gastos en el estadio de Brasilia. "Estos políticos trabajan para aquellos que financian sus campañas".

En un informe de 140 páginas sobre el estadio, los auditores hallaron unos 275 millones de dólares en presuntos excesos de facturación. Y eso que han examinado solo tres cuartas partes del proyecto. Pronostican que una tercera parte de los costos se pueden atribuir a sobreprecios, la mayor porción de los 500 millones en gastos sospechosos que los auditores han alertado en relación con proyectos de construcción del Mundial hasta el momento.

Los fiscales federales dicen que no hay nadie, ni individuos ni empresas, que esté siendo juzgado por corrupción asociada a la Copa del Mundo, pero podrían pasar años antes de que concluyan las auditorias oficiales y sean juzgadas por cortes civiles, una medida necesaria antes de presentar cualquier cargo penal. Hay al menos una docena de investigaciones federales de los gastos vinculados con el Mundial.

"¿Hay corrupción en el Mundial? Por supuesto, no le quepa la menor duda", expresó Gil Castelo Brando, fundador de Contas Abertas (Cuentas Claras), que postula mayor transparencia en los gastos del gobierno. "Donde hay dinero, hay corrupción. Y hoy por hoy en Brasil el dinero está en la Copa del Mundo".

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Sólo el costo de construir o remodelar los 12 escenarios se ha casi cuadruplicado con respecto a los cálculos iniciales, lo que ha convertido el de Brasil en el Mundial más costoso hasta la fecha.

La financiación del estadio de Brasilia sale exclusivamente de las arcas del distrito federal, lo que significa que cada centavo es de los contribuyentes. El informe de los auditores encontró casos de lo que parece ser una sobrefacturación flagrante.

Por ejemplo, indica que el transporte de las gradas prefabricadas debía costar sólo 4.700 dólares, pero el consorcio constructor facturó al gobierno 1,5 millones de dólares. El consorcio está formado por Andrade Gutierrez, un conglomerado de construcción, y Via Engenharia, una firma de ingeniería.

El acero para construir el estadio representó una quinta parte de los gastos y los auditores afirman que una mala planificación y malas prácticas para cortar el acero añadieron 28 millones de dólares a los costos, el mayor exceso sobre lo presupuestado hallado hasta el momento.

Los auditores se preguntan por qué hubo que descartar el 12% del acero en Brasilia cuando Andrade Gutiérrez, usando las mismas técnicas de corte, desperdició solo el 5% del acero en su proyecto de Manaos y casi nada en el estadio de Cuiabá.

Otros 16 millones de dólares se perdieron cuando el gobierno de Brasilia inexplicablemente no cobró la multa que se le impuso a Andrade Gutiérrez por una demora de cinco meses en la parte principal del estadio.

Los auditores también dijeron que detectaron 2,3 millones de dólares en materiales que sencillamente se repitieron muchas veces en las cuentas.

Andrade Gutierrez no respondió a una solicitud de comentario de la AP sobre las acusaciones de exceso de costos.

Pero Claudio Monteiro, jefe de Comité de la Copa del Mundo en Brasilia responsable por la supervisión de los proyectos, dijo que las acusaciones de los auditores son sencillamente erróneas y que todos los gastos se justificarían.

El funcionario cuestionó que el informe se divulgue tan cerca de la fecha del partido inaugural. "Por eso digo que están tratando de echarlo todo a perder", dijo Monteiro desde su oficina afuera del estadio. "Vamos a mostrar que este reporte no tiene base".

Monteiro es el ex jefe de gabinete del gobernador de Brasilia Agnelo Queiroz, un cargo del que se vio obligado a salir en abril de 2012 en medio de acusaciones de que era parte de un esquema de sobornos generalizados. El escándalo también lo obligó a renunciar a su puesto en el comité de la Copa del Mundo, pero no se presentaron cargos y regresó al puesto unos meses más tarde.

El ministro de Deportes, Aldo Rebelo, miembro del Partido Comunista de Brasil, defendió el legado que el Mundial dejará para los brasileños de a pie y dijo que se descubrirá a cualquiera que sea responsable de malgastar fondos públicos.

"Si se demuestra cualquier acto de corrupción, pasará a través de nuestro sistema legal y se castigará a cualquiera que sea responsable", dijo Rebelo en una reciente entrevista en su oficina, adornada con bustos de Mao Zedong, Karl Marx y Abraham Lincoln.

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Las sospechas de irregularidades, no obstante, abundan en Brasil, donde una encuesta realizada el año pasado indicó que tres cuartas partes de los consultados piensan que hay corrupción en las obras del Mundial.

Esas sospechas alimentaron protestas generalizadas y a menudo violentas en junio pasado y movilizaron a más de un millón de personas durante la Copa Confederaciones del año pasado, el evento de preparación para el Mundial. Los manifestantes se quejaron de la corrupción y de los miles de millones invertidos para albergar los eventos.

La desconfianza no sorprende en un país donde el 40% de los legisladores federales tienen pendientes denuncias de irregularidades, según la organización Congreso em Foco, que observa el funcionamiento del Congreso, lo que alimenta la sensación de que el aumento en las contribuciones a las campañas hallado por AP puede haber influido la forma en que el gobierno invirtió los fondos públicos en el Mundial.

El costo general de los 12 estadios, cuatro de los cuales los críticos dicen que se convertirán en elefantes blancos después del torneo porque las ciudades no los pueden mantener, se ha disparado a 4.200 millones de dólares en términos nominales, casi cuatro veces el estimado en un documento de la FIFA de 2007 publicado pocos días antes que Brasil fuera elegida sede del Mundial. En ese momento, los líderes también prometieron que los estadios se financiarían con dinero privado.

"Hay una confabulación de la elite del gobierno con la elite empresarial, y todo se arregla a beneficio de ellos", expresó Christopher Gaffney, profesor de la Universidad Federal de Río que ha estudiado la preparación de cara al Mundial y los Juegos Olímpicos de Río en 2016. "Esta fue una oportunidad de ganar mucho dinero y eso fue lo que sucedió".

Andrade Gutierrez, que tuvo una participación en contratos por un total de casi una cuarta parte del costo total de la Copa del Mundo, contribuyó con 73.180 dólares a candidatos en las elecciones municipales de 2008. Cuatro años después, tras conocerse en qué ciudades se celebrarían partidos del torneo, y por lo tanto los partidos políticos que controlaban los gobiernos locales que entregarían y supervisarían los contratos, las contribuciones políticas de la empresa sumaron 37,1 millones de dólares.

Ese incremento en el gasto político de Andrade Gutierrez, unas 500 veces mayor, superó por mucho el aumento total de 84% en contribuciones empresariales de campaña entre esas dos elecciones.

Fue en el 2010, entre esas dos elecciones, cuando Andrade Gutiérrez consiguió los contratos para construir o renovar cuatro estadios.

Las contribuciones políticas de la firma constructora más grande de Brasil, Odebrecht, se multiplicaron a su vez por 127 entre esas elecciones, de los 90.909 dólares del 2008 a 11,6 millones en el 2012. Odebrecht consiguió también cuatro contratos por valor de miles de millones de dólares, junto con un contrato muy cuestionado para operar el estadio Maracaná de Río de Janeiro por 35 años.

Los fiscales del estado de Río de Janeiro han pedido a un tribunal que obligue a renegociar el contrato. Acusan al gobierno de entregar un acuerdo beneficioso al consorcio Odebrecht, que también incluye a las firmas IMX, del magante brasileño Eike Batista, y el gigante del entretenimiento AEG, con sede en Los Ángeles.

El consorcio pagará el gobierno alrededor de 2 millones de dólares al año, pero los fiscales señalan que eso ni siquiera cubre los 13,5 millones de dólares anuales que el estado tiene que pagar por el préstamo a 15 años para construir el estadio.

En declaraciones enviadas por correos electrónicos, tanto Andrade Gutiérrez como Odebrecht dijeron que sus donaciones fueron legales bajo las leyes brasileñas. No respondieron a la pregunta de por qué las contribuciones habían subido tanto en las recientes elecciones.

Pero aunque esas contribuciones de campaña fueron legales, probablemente pronto sean prohibidas por la Corte Suprema de Brasil. La mayoría de los magistrados votó el mes pasado por eliminar las donaciones empresariales, citando preocupaciones de corrupción. Un magistrado exigió demorar la votación final sobre el tema, lo que significa que la reforma no entrará en vigor durante meses, después que termine la Copa del Mundo.

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Bent Flyvbjerg, profesor de la Said Business School de Oxford y uno de los principales expertos del mundo en los grandes eventos deportivos, dijo que cuando un país decide ser sede de una de esas justas, "básicamente escribe un cheque en blanco".

"A menudo hay demoras en las obras y lo único que se puede hacer es poner más dinero", comentó Flyvbjerg. "Es la única forma de completar las obras".

Las empresas constructoras saben que los eventos deben realizarse en fechas específicas, y eso les da la ventaja. Entre más cerca se está de la fecha para la que hay que terminar las obras y más retrasados marchan los preparativos, más dinero pueden ganar. Y la FIFA dice que no ha visto a ningún país tan atrasado en sus preparativos para el Mundial como Brasil.

Las presiones políticas empeoran las cosas. Pocos países han insistido tanto en el papel transformador que tendrá el Mundial como Brasil.

En el 2010 el presidente Luiz Inacio Lula da Silva le dijo a líderes de las 12 ciudades sede que al comprometerse a organizar el torneo, se estaban comprometiendo a organizar "no solo una Copa del Mundo, sino la mejor Copa del Mundo".

Con las abundantes acusaciones de despilfarro y pocos proyectos de transporte público a la vista, muchos en Brasil piensan que el país dejó escapar la posibilidad de usar el Mundial para lograr progresos verdaderos.

Afuera del estadio de Brasilia, el guardia Paulo Rodrigues se refugia a la sombra de un árbol en la playa de estacionamiento una tarde reciente. Fumaba un cigarrillo, que usó para señalar hacia la enorme construcción.

"Ese es un monumento nacional al despilfarro", comentó. "No me opongo al Mundial, pero me siento frustrado con todos los gastos y con la corrupción que conlleva, que todos conocemos. Cuando los políticos construyen una carretera, incluso si hay sobornos, al menos tenemos una carretera. Pero con este estadio no tenemos nada".

AP