14 de febrero de 2013 / 02:05 p.m.

El amor es algo tan complejo, que al analizarlo a través de la nos revela un universo, capaz de hacernos sentir plenos o, por lo contrario, vacíos. Éste sentimiento no es exclusivo de las parejas y se divide solo en etapas, según lo explica la ciencia, ya que tiende a desarrollarse al máximo en cualquier relación e incluso da plenitud cuando no hay compañía, lo que se conoce como el amor propio. Ante el fenómeno, especialistas afirman que las tecnologías no han cambiado el sentimiento y que las relaciones que se crean en redes sociales son como las otras, ya que siempre han existido, solo que evolucionó de las cartas a los mails.

En entrevista para MILENIO, Georgina Montemayor de la Facultad de Medicina de la UNAM, dijo que cuando nos enamoramos desarrollamos: "“Una imagen ideal del otro; lo que sucede en internet es como enamorarse por carta, solo que antiguamente los medios de comunicación no eran tan inmediatos"”.

Explicó que sigue siendo lo mismo que el enamorar en persona, ya que hay una ilusión e idealización, lo que sucede aunque no se conozca a la personas físicamente.

"“Las sustancias que se producen, como la dopamina, hacen que se bloquee la parte corteza prefrontal, donde tomamos las decisiones, y entonces se dice que es un estado de demencia temporal"”, afirma.

Por su parte la doctora Sofía Aragón, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que "“hay personas que no necesitan tener a la persona de frente, se conforman con las fotos en el uso de las redes sociales, y solamente por medios indirectos pueden declarar su amor y decir lo que sienten”".

Demencia temporal

El amor, tema que se ha discutido desde la Antigüedad hasta la edad moderna, ha sido estudiado desde los filósofos hasta los científicos, quienes apenas hace unos años se sumaron a la lista de quienes buscan descifrarlo. Uno de los motivos que llevó a la ciencia a realizar las investigaciones sobre el amor fue el costo que genera en la sociedad, según lo explicó Georgina Montemayor.

Uno de los varios motivos por los que se comenzó a estudiar el amor fue"“porque el costo social es muy grande; la gente sufre mucho cuando vive el desamor y entonces se convierte de un problema personal a uno social"”.

Sobre el tema de que el enamoramiento solo dura tres años, la científica explicó que por todas las reacciones que genera en el cerebro, que es de donde provienen las respuesta físicas (como mariposas en el estómago, nervios, sudoración y entre otros), se declaró a este tipo de reacciones y sensaciones “demencia temporal: pero no se han puesto de acuerdo los investigadores de cuánto dura, pero de principió a final se presume que se mantiene en promedio entre cuatro y siete años”.

Detalló que esta reacción puede variar, porque en cada uno de nosotros se puede presentar de manera distinta.

Con alguien y en soledad

La psicóloga recordó que siempre se debe disfrutar la vida en todo momento, y que hay muchas personas que también pueden hacerlo con y sin pareja; sin embargo, en el último caso hay un estigma social, ya que son señaladas, lo que en ocasiones les lleva a tomar decisiones inadecuadas por ceder a la presión de quienes las rodean.

Recordó una experiencia en la que vio un anuncio en el que las personas se alquilaban como acompañantes para el día de los enamorados; "“eso quiere decir que se fuerza a las personas a tener una relación cuando las cosas han cambiado y no necesariamente se necesita tener una pareja (…) buscan alternativas para ser aceptadas, pero muchas veces esto va a empeorar y a generar muchos problemas”".

Recordó que tener un noviazgo no es garantía de felicidad, ya que “"hay creencias y mitos, como que la gente a fuerza debe tener una pareja para sentirse bien, y hay muchos que bajo esa perspectiva se sienten mal porque no cumplen con algo que la sociedad impone, además de que no todos los que tienen pareja son felices"”.

Recordó que todos pueden disfrutar de sus emociones en todo tipo de relaciones afectivas, pero también en la soledad, a la cual se debe dejar de estigmatizar.

 — ÁNGELA CHÁVEZ