18 de marzo de 2013 / 11:09 p.m.

Ciudad de México • En México se aprobó una molécula que detiene las células malignas en personas que padecen mielofibrosis, y lo fundamental de la terapia es que logra que éstas “se suiciden”, además de elevar el sistema inmunológico del enfermo y detener o evitar que se sigan afectando órganos como el hígado o el páncreas, informó Eduardo Cervera Ceballos, coordinador de la Clínica de Leucemia Mieloide Crónica del Incan.

La mielofibrosis se presenta como una enfermedad que se puede diagnosticar con un conteo sanguíneo completo y una palpación del abdomen; sin embargo, debido a una sintomatología poco precisa, la mayoría de los pacientes tardan por lo menos una década en ser detectados.

El hematólogo y oncólogo presentó los resultados del protocolo de investigación con ruxolitinib, realizado con 200 pacientes con mielofibrosis de diferentes partes del mundo, en los que se detectó que 97 por ciento frenó este tipo cáncer.

Los beneficios se observan a los dos meses de dicho tratamiento.“Los resultados también comienzan a observarse en otros tipos de pacientes que tienen tumores avanzados en páncreas y en seno, prácticamente pacientes en etapas terminales”, dijo el especialista, tras precisar que en México solo se tienen registrados mil casos del padecimiento, aunque por el subdiagnóstico calculan que alrededor de 700 afectados son tratados por otros padecimientos. “Siete de cada 10 enfermos no se detectan”, subrayó el especialista.

En febrero, la Comisión Federal para Prevenir Riesgos Sanitarios autorizó en México el medicamento ruxolitinib y comprobó que controla la proliferación de las células cancerosos.

En 2005 no existía un fármaco para curar la mielofibrosis, enfermedad que en 20% de los casos causa leucemia mieloide aguda y cuya sobrevida se estima en 1.5 meses al iniciar las complicaciones.

Este tipo de cáncer de la sangre se produce por una insuficiencia en la médula ósea y se caracteriza por el crecimiento del bazo y síntomas debilitantes.

El bazo llega a crecer bastante, en algunos casos pesa hasta 10 kilos y mide 36 centímetros de largo, mientras que uno normal pesa 150 gramos y mide 11 centímetros.

Con el protocolo, la sobrevivencia superó los cinco años, aunque se sigue monitoreando a los enfermos por si presentan recaídas en los meses siguientes, acotó Cervera Ceballos.

BLANCA VALADEZ