2 de febrero de 2014 / 02:07 a.m.

"Míreme a los ojos".

El requerimiento se lo dirigía Luis Aragonés, por entonces entrenador de un Valencia en estado de ebullición, al brasileño Romario, el goleador por definición de su época, hombre también de fuerte carácter, capaz de mandar a paseo a toda una leyenda del fútbol como Johan Cruyff, su anterior técnico en el Barcelona.

Pero a Aragonés, trotamundos y a su vez gran figura del fútbol español tanto como jugador del Atlético de Madrid en los 60 y 70 como de timonel del mismo club y luego seleccionador nacional entre 2004 a 2008, tampoco le templaba el pulso a la hora de encararse con el crack de turno.

Mediaba la década de los 90 y el apodado "Sabio de Hortaleza" en alusión a su localidad natal, pretendía poner en cintura a Romario, superdotado para el gol pero negado con el despertador. No lo logró y el delantero acabó haciendo las maletas, pero no sin antes llevarse un grato recuerdo y mayor respeto hacia un hombre que, hasta su fallecimiento el sábado, rebosó tanto carisma como la actitud ganadora de la que adoleció durante larga época el fútbol español.

Y no se trató solo de la Eurocopa de 2008 que le dio a España después de muchos años de sequía en cuanto a trofeos.

El camino a la gloría del país que hoy suma otra Eurocopa más (2012) y un Mundial (2010) bajo la dirección de su sucesor, Vicente Del Bosque, empezó a forjarse en el Mundial de Alemania 2006, en que "La Roja" dejó definitivamente atrás el apodo de "La Furia", pese a caer en octavos de final ante Francia, eventual subcampeona.

"Fue él quien marcó el camino de esta etapa tan exitosa", reconoció Del Bosque, que buscará en Brasil 2014 alargar la racha victoriosa.

Fue en aquel torneo cuando Aragonés decidió definitivamente dar portazo a la época de Raúl González, ídolo del Real Madrid y por entonces de la selección, para acabar dando la alternativa a una generación liderada por futbolistas del Barcelona como Andrés Iniesta y Xavi Hernández, además de figuras emergentes como David Villa, del Valencia, o Cesc Fábregas, del Arsenal; todos con rol protagonista en la conquista europea dos años más tarde.

La épica y la furia, banderas de un combinado cuyas máximas gestas televisadas en color fueron el subcampeonato de la Eurocopa de 1984 en Francia tras agónica clasificación (venciendo 12-1 a la modesta Malta) y los cuatro goles de Emilio Butragueño a Dinamarca en el Mundial de México 1986, dieron paso al fútbol combinativo, de posesión a fuego lento y definición valiente, desacomplejada, hilvanado por unos futbolistas con más fantasía que músculo.

Los poderosos saltos y remates de cabeza de Santillana en los 80 dieron paso a las elegantes cabalgadas de Fernando Torres. Centrocampistas de brega como Víctor Múnoz o Ramón Calderé, incluso defensas reconvertidos en volantes por Javier Clemente en los 90, quedaron obsoletos en favor de organizadores con telescopio fino como el madridista Xabi Alonso.

Pero la influencia de Aragonés fue mucho más allá de un cambio de cromos, de concepto futbolístico. Al fin y el cabo, el "Sabio" siempre fue un estudioso del juego e innovador estratégico, apostando por un esquema defensivamente nutrido y de contraataque puro como el 5-3-2 en su corta etapa al frente del Espanyol en 1991, o ya de vuelta en el Atlético de Madrid.

Flexible de instinto, como demostró al tomar brevemente las riendas del Barsa en 1988, ganando la Copa del Rey con el club en plena crisis institucional, se reveló también entrenador de raza tras colgar las botas, capaz de calentar con abrigo de borrego y zapatos de suela lisa junto a sus jugadores previo a un partido.

Romo ante las cámaras, transmitió siempre cercanía con sus futbolistas en la caseta, rompiendo la barrera generacional con armas de toda la vida que se plasmaron también sobre la cancha: sinceridad, respeto, cariño y exigencia.

Si para ello tuvo que chocar frente a frente con el hoy sevillista José Antonio Reyes en la selección o agarrar de la pechera al joven camerunés Samuel Eto'o durante su estancia en el Mallorca, no tuvo reparos en hacerlo.

En ese sentido, el también apodado "Zapatones" seguía sintiéndose tan futbolista como ellos y dirigía con mano firme al grupo, exhibiendo el mismo carácter ganador que le llevó a erigirse mito del Atlético vestido de pantalones cortos.

Como tantos compañeros a lo largo de una triste jornada, los azulgranas Iniesta, Fábregas y Carles Puyol sumaron condolencias y muestras de cariño en las redes sociales.

"Ha sido una noticia muy dolorosa para ellos", explicó en rueda de prensa su actual timonel del Barsa, el argentino Gerardo Martino. "Fue un entrenador que les marcó en su carrera cuando estaban dando sus primeros pasos en la selección y creciendo como futbolistas. También en la parte humana", destacó.

Su compatriota y colega, Juan Antonio Pizzi, oriundo de Argentina e integrante de la selección previo al arribo de Aragonés, también quiso recordar sus cualidades: "No tuve la suerte de tenerlo como entrenador, pero dejó un gran legado, no sólo por los resultados, sino por su forma de trabajar y de vivir", resaltó.

Si la imagen de la selección previo a su paso era el labio partido del hoy entrenador del Celta de Vigo, Luis Enrique, clamando justicia en el Mundial de Estados Unidos de 1994, o las manchas de sudor en las axilas de José Antonio Camacho en 2002, cuando España fue eliminada en cuartos de final por la anfitriona Corea del Sur, con gol anulado de coartada, Aragonés será recordado por la instantánea de celebración de la Eurocopa de 2008 junto a sus pupilos, con el arquero Iker Casillas jaleándole micrófono en mano. Y, como no, mirándole a los ojos.

AP