ALICIA YANELI SÁNCHEZ
19 de abril de 2013 / 01:00 a.m.

México • Cio Cio San aparece en el escenario. Fina y delicada, vestida de blanco, anuncia que responde al llamado del amor. Su futuro marido, el oficial Pinkerton la espera en el otro extremo, contemplando la belleza de sus quince años.

Un Teatro del Bicentenario lleno presenció el estreno de Madama Butterfly, ópera de Giacomo Puccini que cautivó a leoneses y visitantes la noche del domingo pasado.

Todavía en el primer acto, la iluminación cambió a un fondo rojizo, como si fuera el atardecer, y al centro ella, la novia Butterfly: pura e inocente, dispuesta a entregar su amor y así aferrarse a la vida.

Butterfly escuchó a su marido Pinkerton, interpretado por el tenor vasco Andeka Gorrotxategui, quien debuta en México con esta puesta en escena. Andeka realizó su papel con el garbo necesario para no ser visto como el pérfido americano que muchas veces se percibe en este protagónico.

El teatro estaba lleno de amor. Era como si fuera una película en la vida real, con el sonido adecuado, la sonrisa adecuada para ese momento especial del matrimonio. Los aplausos fueron contenidos en este primer acto.

Sin embargo, fue el segundo acto el que desató las lágrimas y los suspiros. Una magistral interpretación de Violeta Dávalos, la geisha enamorada que espera a su marido a tres años de su partida, conmovió a todos los presentes al ser clara ante la posibilidad de nunca verlo otra vez: "¡Antes morir!".

La voz, la expresión de su rostro, las manos, los pies de puntillas al elevar el tono… Violeta no descuidó ninguno de estos elementos, ni hizo posible dirigir la mirada a otro lugar que no fuera su dolor y esto le mereció la entrega del teatro.

La soprano mexicana logró una comunión con el autor de esta ópera Giacomo Puccini con su participación continua, paralela a la bellísima música que es un protagonista más en la tragedia.Cada uno de los personajes tiene una melodía que lo identifica, además de una manera especial para llevar musicalmente de la mano de una escena a otra.

Iván López Reynoso, originario de Guanajuato capital, en contraste con sus 23 años de edad, llevó con una sorprendente madurez la partitura de la tragedia.

El joven director debutó en el Teatro del Bicentenario con esta producción operística que hizo evidente su especial aprecio por ella. La dulzura destiló de sus dedos, su cuerpo se balanceó y “flotó” en el foso, desde donde fueron visibles en algún momento sus gestos.

Fue un montaje muy bien logrado el de mostrar a Butterfly como una mujer independiente y trabajadora que ha logrado criar a su hijo aún con la falta del esposo. Esta realización es trabajo de Juliana Faesler, quien recibió varios "¡Bravo!" de agradecimiento cuando subió al escenario al finalizar la obra.

Juliana diseñó una similitud de sol naciente para evocar Japón, específicamente Nagasaki, donde sucede la historia. Así mismo, la escenografía trata de mostrar la destrucción emocional que vivirá la protagonista a lo largo de la obra.

Y es que la directora de escena quería mostrar a una Cio-Cio-San que existe en muchas mujeres mexicanas que aprenden a vivir con el abandono de sus maridos.

No fue una obra más que se presentó con éxito. Fue un reflejo de madres mexicanas que sueñan cada día con que vuelva su amor, con la oportunidad de darle su cuidado, que entregan el alma bordando kimonos para alimentar el regalo de amor que aceptaron con valentía.

Es para destacar la participación del Coro y la Orquesta del Teatro del Bicentenario, pues realizaron un trabajo limpio y puntual que demostró el esfuerzo de los últimos meses con la dirección de José Antonio Espinal.

Este coro es el resultado de una convocatoria que realizó el Teatro del Bicentenario, en la que cuidadosamente seleccionó a las voces que acompañaron a Butterfly en la boda con destino fatídico. Su principal intervención, y la más conmovedora fue “Coro a bocca chiusa”, tan dulce como triste. Un trabajo de perfecta sincronía, seguramente muchas veces fue ensayado para lograr bajar el telón justo antes de soltar la respiración con el último sonido.

Sin embargo el clímax de la obra se advirtió cuando Madama Butterfly asume con entereza la tragedia que ve venir y se despide de sí misma. Una Cio Cio San adolescente, casi niña visita a la madre abandonada y hasta juguetea con su hijito Dolore.

Mágico el momento en que las dos Butterfly se toman de las manos y se despiden una de la otra, la niña de la mujer, al tiempo que un suave vientecillo se lleva la infancia de una mujer valiente.

Butterfly despide tranquila de su hijito, le coloca su gorra y su mochila para que parta con su nueva familia. Entonces ella, decidida, con la misma convicción con la que se aferró a la vida al casarse y al entregar al hijo con su padre, acaba con su vida.

Todavía no terminaba de bajar el telón cuando los suspiros y el llanto se advirtió en muchos rostros del teatro.

Todos los artistas fueron aplaudidos, sin embargo, el teatro se puso de pie para recibir a una Violeta Dávalos aún conmovida por la interpretación, quien agradeció sin ocultar su llanto.

Dos días después de este mágico estreno, la noticia ni siquiera sorprendió: los boletos para las dos funciones restantes se agotaron en el mismo día.