24 de mayo de 2013 / 07:43 p.m.

Ciudad del Vaticano • El papa Francisco condenó hoy la trata de personas, actividad que calificó como "innoble" y una "vergüenza para las sociedades que se llaman civilizadas".

El pontífice hizo sus señalamientos durante un discurso pronunciado ante los asistentes a la sesión plenaria del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, a quienes recibió en el Palacio Apostólico del Vaticano.

"En un mundo donde se habla mucho de derechos. ¡Cuántas veces la dignidad humana es pisoteada! En un mundo donde se habla tanto de derechos, parece que el único que los tenga sea el dinero", lamentó el líder católico.

"Vivimos en un mundo, en una cultura en donde impera el fetichismo del dinero. Los explotadores y los clientes, en todos los ámbitos, deben hacer un serio examen de conciencia ante sí mismos y ante Dios", señaló.

Más adelante el papa llamó a gobernantes, legisladores y a toda la comunidad internacional para que hagan frente a la realidad de las personas desarraigadas por la fuerza, con iniciativas eficaces y nuevos enfoques para proteger su dignidad.

Sostuvo que la política debe mejorar la calidad de vida y enfrentar los desafíos que surgen de formas modernas de persecución, opresión y esclavitud.

Insistió que las víctimas de esos flagelos son seres humanos que apelan a la solidaridad y al apoyo, que necesitan acciones urgentes, pero también y sobre todo comprensión y bondad. "Su condición no puede dejarnos indiferentes", ponderó.

Según el obispo de Roma la comunidad internacional debe responder a esas situaciones con espíritu de solidaridad fraterna y con programas de protección, a menudo con el telón de fondo de acontecimientos dramáticos que tocan, casi todos los días, las vidas de muchas personas.

Pidió a los católicos responder a las necesidades de aquellos que están marcados por heridas que jalonan su existencia como la violencia, el abuso de poder, la distancia de la familia, eventos traumáticos, la fuga de sus hogares y la incertidumbre sobre el futuro en los campos de refugiados.

"Nosotros, como Iglesia, recordemos que curando las heridas de los refugiados, de los prófugos, de las víctimas de la trata, ponemos en práctica el mandamiento del amor que Jesús nos ha dejado cuando se identificó con el extranjero, con quien sufre, con todas las víctimas inocentes de la violencia y la explotación", apuntó.

Notimex