20 de enero de 2014 / 10:07 p.m.

El presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, ha defendido esta noche la remodelación estructural del Camp Nou, que costará unos 600 millones de euros, en lugar de un nuevo estadio, y ha emplazado a los barcelonistas a imbuirse del espíritu de 1957 cuando se inauguró, a pesar de los reparos de entonces.

El mandatario barcelonista lo ha anunciado en una conferencia de prensa en el 'Auditori 1899', en el Camp Nou, donde ha contado con la compañía en el estrado de numerosos directivos, con la participación del vicepresidente de economía Javier Faus, el directivo responsable de patrimonio Jordi Moix y el directivo y secretario del club, Toni Freixa.

Rosell ha informado de que la remodelación estructural del Camp Nou, que será sometida a referéndum de los socios el 5 o 6 de abril, ha sido adoptada de forma unánime en la junta directiva, previa a la comparecencia ante los medios.

El presidente ha agradecido la posición de todos sus directivos y de la labor de los ejecutivos, y ha emplazado a la masa social a actuar con "la misma firmeza" que cuando el Camp Nou bajo la presidencia de Francisco Miró Sans se inauguró en 1957, al referirse a los presidentes Agustí Montal Golobart y Miró Sans como "unos visionarios", cuando compraron los terrenos donde se asienta el Camp Nou y posteriormente se emprendió su construcción.

Rosell cree que la obra que prevé poner en marcha con la reforma del Camp Nou -"gracias a la reducción de la deuda", ha precisado- "sea un legado" para los nuevos barcelonistas para que la historia del club "siga creciendo".

Así, el Barcelona descarta la construcción de un nuevo estadio y se abre la posibilidad de que sobre la misma estructura el nuevo Camp Nou tenga una nueva imagen, si los socios dan viabilidad al proyecto, el cual Rosell cree que es sostenible, conjuntamente con la idea de mantener "la excelencia" en la parcela deportiva. El proyecto se llevará a cabo entre 6 y 8 años y costará unos 600 millones de euros.

Rosell ha hablado de que ha prevalecido plantear a los socios "proyectos viables", y que la construcción de un nuevo estadio "podía haber hipotecado el club", además de "atar de manos a futuras juntas directivas".

"El proyecto es asumible", ha ratificado el presidente azulgrana, quien ha avanzado de que en caso de ponerse en marcha ocasionará no pocas incomodidades a todos los socios, a quienes ha solicitado paciencia y ha garantizado que el nuevo Camp Nou será mucho más confortable.

Además de la reforma del Camp Nou, Rosell ha informado de que el Barcelona construirá un nuevo Palau Blaugrana, hecho que sí que contenía su programa electoral, no así la reforma del estadio barcelonista, para lo cual Rosell habló en campaña electoral de llevar a cabo sólo algunas adecuaciones que no superasen los 50 millones de euros.

De hecho, al poco de alcanzar la presidencia del Barcelona en verano del 2010, la junta de Rosell paralizó el proyecto de remodelación del Camp Nou iniciado por el anterior equipo directivo, liderado por Joan Laporta, por considerarlo inapropiado por el importe económico (unos 250 millones de euros) y porque no urgía.

Así, la actual junta remitió a la Generalitat la petición para que se suspendiera la tramitación que estaba en marcha para urbanizar los terrenos donde se asienta el Miniestadi, cuyos réditos deberían de haber financiado el proyecto de remodelación que había ideado el prestigioso arquitecto británico Normal Foster.