3 de julio de 2013 / 03:07 p.m.

 Tomar bebidas dulces de manera regular, además de producir grasa abdominal, que genera citocinas pro-inflamatorias, estimula a las células beta pancreática para producir exceso de insulina; esta hormona promueve que se almacenen grasas y se genere una inflamación crónica.

El sobrepeso, aunado a la baja actividad física, origina un círculo vicioso, al no gastar suficiente energía y generar un problema crónico que puede desembocar en el desarrollo de diabetes mellitus o enfermedades cardiovasculares (ECV).

Lo anterior se desprende de un estudio que realiza el Departamento de Neurodesarrollo y Fisiología, de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM, para determinar el efecto de los líquidos azucarados en la salud.

La grasa abdominal es metabólicamente muy activa, y podría participar en el aumento de la secreción de insulina, en los cambios fisiopatológicos del síndrome metabólico (SM), y en el desarrollo de la diabetes, indicó la directora de la entidad, Marcia Hiriart Urdanivia.

Estamos interesados en los mecanismos que controlan esa secreción y ""hemos desarrollado un modelo con ratas para determinar los efectos y secuelas de este tipo de bebidas; en el agua que toman les damos sacarosa (azúcar de mesa) al 20 por ciento, formada por glucosa y fructuosa, que equivale a ingerir continuamente jugo o refresco.""

La investigadora recordó que cerca de 60 por ciento de la población mundial tiene sobrepeso u obesidad y, con ello, aumenta la susceptibilidad a padecer enfermedades como hipertensión, problemas cardiacos, dislipidemia y diabetes tipo dos.

En consecuencia, una proporción importante de la sociedad también padece SM, que consiste en obesidad central, hipertensión, hiperinsulinemia y resistencia a la insulina. En esta última, aunque hay mucha insulina, no actúa adecuadamente.

Se trata de un problema de salud pública que, según la genética y factores del medio ambiente, puede provocar el desarrollo de diabetes mellitus tipo dos, agregó Hiriart Urdanivia, quien tras cinco años de investigación, experimentó con ratas de laboratorio la búsqueda de nuevos hallazgos en el tema.

""Lo que hicimos con este modelo fue quitar los factores genéticos, porque los roedores de laboratorio que utilizamos no tienen una susceptibilidad especial para desarrollar diabetes, pero sí síndrome metabólico si toman azúcar en su agua, y ello nos permitió observar qué pasa con las células beta pancreáticas"".

Estas últimas, agregó la científica, son las únicas en el organismo que producen y secretan insulina. Se trata de una hormona importante porque es la que permite almacenar nutrientes, especialmente glucosa y grasa.

En esta investigación analizamos a detalle qué le sucede a las beta pancreáticas en este proceso, y observamos que desde los dos meses de tratamiento, el sistema de acoplamiento entre la estimulación con glucosa y la secreción de insulina se altera, y aquéllas secretan mucha insulina.

Formamos dos grupos de roedores, a uno le suministramos agua azucarada, y al otro líquido simple; el primero comió menos alimento sólido, pues lo sustituyó por la primera.

De igual manera, el grupo incrementó su porcentaje de grasa y peso corporal, con respecto al que consumió sólo agua. Tras este experimento, se observó cómo el animal desarrolló SM (obesidad, hipertensión moderada, aumentó de triglicéridos y secreción de insulina).

Seis meses después, el grupo continuó con el incremento de su peso, con respecto a las ratas control, lo que les provocó incapacidad para moverse ágilmente, explicó.

Asimismo, se vio que luego de medio año de esa ingesta, las células beta empiezan a funcionar mal, lo que podría llevarlas a “agotarse” y desarrollar diabetes mellitus, pues ya no producen suficiente insulina para mantener en niveles normales la concentración de glucosa en la sangre.

Por ello, ""beber líquidos dulces de manera regular además de originar grasa abdominal, que produce citocinas que estimulan a las células beta para ocasionar exceso de insulina, propicia el desarrollo de resistencia a esta hormona, que con el tiempo puede llevar al agotamiento de las células beta y a diabetes tipo 2, una epidemia mundial que sólo podrá controlarse si cambiamos de estilo de vida, es decir, si limitamos lo que comemos y hacemos ejercicio regularmente”", concluyó.

Redacción