18 de marzo de 2013 / 05:51 p.m.

Buenos Aires • Con el paso de los días comienzan a suavizarse las rispideces que en un primer momento produjo en Argentina la designación del cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo jefe del mundo católico, cuando la prensa local sigue debatiendo si nombramiento fue usado políticamente en la contienda que enfrenta a la presidenta Cristina Kirchner con sectores de la oposición, de forma tal que se estableció una divisoria de aguas entre quienes se emocionaron —y lo siguen estando— hasta las lágrimas por la nacionalidad papal y los que denuncian un pasado ligado a la represión militar en tiempos de la última dictadura que asoló al país en 1976-1983.

El periodista Horacio Verbitzky, autor del libro El silencio, donde sostiene que, al frente de la orden de los Jesuitas, Bergoglio había quitado protección a curas que fueron secuestrados y torturados, cerró la discusión diciendo: “En la Silla Apostólica no se sentará un verdadero franciscano sino un jesuita que se hará llamar Francisco, como el pobrecito de Asís. Su biografía es la de un populista conservador, como lo fueron Pío XII y Juan Pablo II: inflexibles en cuestiones doctrinarias pero con una apertura hacia el mundo, y sobre todo, hacia las masas desposeídas".”

Saliendo al cruce de la denuncia de Verbitzky, el premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, aseguró el jueves pasado que que “"no hay ningún vínculo que relacione a Bergoglio con la dictadura. Hubo obispos que fueron cómplices, pero Bergoglio no (…). A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía"”.

Su versión fue respaldada por Graciela Fernández Meijide, ex miembro de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas): “"No tengo ningún dato que lo relacione con una cuestión de colaboración con la dictadura. Para nada. Sé por Alicia Olivera (que pertenecía a la Juventud Peronista) que, por el contrario, Bergoglio ayudaba a gente a salir del país"”, dijo al canal de noticias TN.

Los ataques a Bergoglio fueron suavizados finalmente por decisiones presidenciales como el adelantar el viaje a Roma de la presidenta, para ser ella la primera jefa de Estado en acceder a una entrevista personal con el Santo Padre, unido al decreto que instauró el asueto escolar en colegios públicos y privados para mañana, en ocasión de la coronación papal.

Ayer por la mañana, una multitud de católicos argentinos se congregó en la catedral de Buenos Aires y en las iglesias de todo el país, en la primera de las tres jornadas de oración convocadas por la Iglesia católica argentina para celebrar su nombramiento, mientras el diario Clarín publicó la entrevista radiofónica que el entonces cardenal Bergoglio le dio en noviembre anterior a La Voz de Caacupé, emisora propiedad de una villa de emergencia (favela).

Ahí, en tono campechano, Bergoglio contó que la marca más importante de su vida fue el nacimiento de su hermano cuando él tenía apenas 13 meses: impedida de cuidar a ambos bebés, su madre lo dejaba desde muy temprano en la mañana hasta la noche al cuidado de sus abuelos maternos, italianos del empobrecido Piamonte, en una casa a la vuelta del esquina. Fue así como aprendió las vidas de los santos de boca de su abuela y así también como pronunció primero el italiano que el español, a pesar de ser el idioma que se hablaba en casa de sus padres.

Recordó también en la entrevista de radio el momento en que decidió ser cura. Fue un 21 de septiembre—cuando aquí se conmemora el Día de la Primavera y el Día del Estudiante— y él andaba por las calles de Flores, su barrio natal, en el oeste de Buenos Aires, con sus compañeros del colegio industrial donde estudiaba química. Un impulso lo hizo entrar a la Iglesia San José y allí, como si alguien lo tomara de un brazo, caminó hasta un confesionario donde segundos antes había visto entrar a un cura.

No recuerda qué habló, pero supo que el padre confesor, a quien no conocía, había venido de la provincia de Corrientes, en el noreste del país, y que tenía leucemia. “"No sé porqué yo sentí ahí que tenía que ser cura. No dudé. Supe después que el padre murió al año siguiente."”

LA ALDEA POR CLAUDIA SELSER