23 de enero de 2014 / 07:38 p.m.

La presidenta de Brasil y el líder de la FIFA expresaron confianza el jueves en la organización de un exitoso Mundial, en medio de atrasos en la construcción de estadios y la posibilidad de que se elimine una de la sedes.

"Estamos listos. Vamos a organizar el mejor de todos los mundiales", afirmó la presidenta brasileña Dilma Rousseff.

Rousseff habló al lado del mandamás del fútbol, Joseph Blatter, después de una reunión de una hora. No se permitieron preguntas durante su rueda de prensa.

Dijo que su gobierno está comprometido a terminar todas las obras públicas necesarias a las que describió como "relativamente sencillas" de construir.

La construcción de estadios, proyectos de transporte urbano y aeropuertos ha sufrido retrasos, entre ellos el de Sao Paulo, donde se realizará la ceremonia de apertura y el primer partido, entre Brasil y Croacia, el 12 de junio.

"Todo se trata de la confianza y confiar en cada uno. La confianza prevalece", expresó Blatter.

Rousseff visitó la sede de la FIFA antes de acudir al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, y luego de inaugurar el estadio en Natal, apenas el séptimo de las 12 sedes mundialistas que está lista.

El secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, advirtió esta semana que Curitiba no tiene segura su sede por los retrasos en su estadio.

Blatter recibió a la presidenta en la entrada de la FIFA y le estrechó la mano. El gesto sigue a una serie de disputas entre el país sede del Mundial y el órgano rector del fútbol por los tropiezos en los preparativos para el Mundial.

La tregua siguió a un consistente plan de la presidenta para calmar los ánimos tras reuniones en las que se han expresado opiniones en términos más francos.

Este mes Blatter dijo en una entrevista con el periódico suizo 24 Heures que el Mundial de Brasil es el que más retrasos ha tenido de todos en los que él ha participado.

La construcción de estadios tiene más retrasos que la del Mundial de Sudáfrica en 2010, pese a que la nación africana sólo tuvo seis años para prepararse, mientras que Brasil contó con siete.

AP