27 de junio de 2013 / 01:48 p.m.

México • Desde los cruceros en las calles de la ciudad, donde vemos a las indígenas usarlos para cargar a sus hijos, hasta esbeltas modelos portándolos para importantes pasarelas, hemos observado los diferentes usos del rebozo, una de las prendas más tradicionales de nuestro país. Sin embargo, con el paso del tiempo esta vestimenta ha ido perdiendo presencia debido a la carencia de apoyo para los productores y la desvalorización en que ha caído.

Por lo anterior, del 3 al 7 de julio próximos el Museo Franz Mayer abrirá sus puertas al encuentro El arte del jaspe y el rebozo: pautas para la conservación de una tradición, que busca procurar una revaloración de esta emblemática prenda mexicana.

Durante una conferencia de prensa se anunciaron actividades enfocadas a académicos, productores y público en general, quienes podrán interactuar para hacer un balance sobre el estado en el que se encuentra actualmente el rebozo, así como intercambiar inquietudes, preocupaciones y experiencias derivadas de la producción y los nuevos usos que se le pueden dar para no perderlo como tradición. Además, habrá otras actividades, como talleres y venta de rebozos.

El rebozo, en palabras de la antropóloga Marta Turok, se divide en “el rebozo clásico mexicano, una prenda para tapar que se compone de dos partes: el paño, que es la tela, y el empuntado. El paño, en los más tradicionales, lleva en la tela la técnica del jaspe; por otro lado, el rebozo regional indígena no lleva jaspe en el cuerpo, pero para el cual se utiliza una técnica de empuntado bastante compleja”.

Desafortunadamente, en nuestro país no se tiene un registro específico del origen del rebozo, de acuerdo con lo mencionado por Turok. No se tiene la certeza de que sea una prenda prehispánica, ya que aunque existen indicios no hay elementos contundentes al respecto. Tampoco se puede asegurar que haya venido del sureste de Asia —que es donde la técnica está muy difundida—, de países como Filipinas, Indonesia, India, Tailandia y Japón.

“Lo que sí sabemos, dijo la especialista, es que en el virreinato adquiere una gran importancia, y que a mediados del siglo XVIII trasciende todas las clases sociales, salvo las indígenas, ya que nace como una prenda de las castas y es adoptada en una forma de ricos bordados por la clase pudiente. Después de la Independencia es adoptado como una prenda mexicana, y a partir de la segunda mitad del XX empieza a languidecer y verse envuelto en una gran crisis en la mayoría de los centros productores.”

El jaspe —llamado así en México, e ikat en el resto del mundo— forma parte de un grupo de cinco técnicas llamadas “de reserva”, entre las cuales es de las más complicadas y artesanales, y que es la que se utiliza para la elaboración de los rebozos en nuestro país. En ésta se involucran entre 14 y 17 pasos: consiste en hacer un amarre sobre los hilos al teñir antes de tejer, para ir formando los dibujos en los rebozos, lo cual toma de 15 días a un mes; después de este proceso, elaborado en telar de pedal —en el cual se involucran cinco diferentes personas— o de cintura, se hace el empuntado, el cual consiste en hacer amarres y tejidos para finalizar el procedimiento, que se puede llevar de 15 días a tres meses.

La problemática que ha envuelto la producción del rebozo no solo viene de la falta de apoyo de los gobiernos y la poca valoración que el consumidor le da a esta prenda, sino también de la incertidumbre que los productores ven en el futuro si continúan con su elaboración. Son muy pocos los jóvenes hijos de productores que se están interesando en aprender este arte-oficio. Debido a ello es que se deben hacer más labores de rescate y tratar de incluir de nuevo al rebozo, tanto en las comunidades rurales como en el ámbito cosmopolita. Para conseguirlo es necesario conocer y apreciar su proceso de elaboración y, de esta forma, abrir más espacios y dar más valor a este arte. A ello busca contribuir el encuentro El arte del jaspe y el rebozo.

PATRICIA CURIEL