1 de diciembre de 2013 / 09:57 p.m.

México.- La construcción de la paz implica la inclusión de los portadores de VIH y enfermos de sida en la vida social, así como el respeto a todos sus derechos y la atención a sus necesidades, señaló el arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos.

En el marco del Día internacional de la lucha contra el Sida, promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el religioso dijo que lo anterior es para no convertirlos en víctimas de violencias institucionales y sociales que aumentan su sufrimiento.

"Es por ello que la Iglesia Católica quiere hacerse cercana a quienes padecen esta enfermedad, incluyéndolos en su acompañamiento pastoral para atender sus necesidades espirituales.

Garfias Merlos comentó que este día "nos proporciona un espacio de reflexión y de aliento a la lucha contra la pandemia del Sida en el mundo y en nuestra región".

Recalcó que los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil han impulsado estrategias diversas para la prevención y la atención de los portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida.

En este contexto, destacó que "la Iglesia Católica ve con gran simpatía todos los esfuerzos que se hagan para disminuir el sufrimiento en este sector, que ha sido estigmatizado y marginado".

Incluso, añadió a través de un mensaje distribuido por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Iglesia atiende mediante instituciones sanitarias en México y en el mundo a un importante número de portadores del VIH y enfermos de Sida.

"Personalmente de parte de la Iglesia católica me ha tocado apoyar dos fundaciones que atienden a enfermos de VIH-Sida en la ciudad de México. La fundación Eudes y la fundación Domus Alipio que tienen varios programas directos de atención a quienes tiene esta enfermedad", sostuvo el prelado.

Insistió en que este sector, que se ha mostrado tan vulnerable, necesita ser atendido con todos los apoyos necesarios para promover su desarrollo humano en las mejores condiciones y para aminorar los efectos devastadores que esta pandemia suele tener.

"La sociedad tiene que permitir su plena integración en sus diferentes espacios y superar los rasgos de discriminación que aún persisten, que son fuentes de violencias que no pueden ser deseables ni aceptables", expresó.

En el inicio del Tiempo de Adviento o de preparación para el nacimiento de Jesús, planteó que la esperanza ocupa un lugar central en la vida Cristiana, sobre todo cuando hay graves adversidades como las condiciones de violencia y de pobreza.

El Adviento, remarcó Garfias, es una oportunidad para superar el miedo y la desesperanza. "Es una oportunidad para despertar del sopor causado por la indiferencia y del desánimo que frenen cualquier esfuerzo humano para trabajar por la justicia y para construir la paz".

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