25 de agosto de 2013 / 04:41 p.m.

México  • Cuando Carlos Pereda —filósofo de origen uruguayo avecindado en México desde hace más de tres décadas— decidió reflexionar acerca de lo que se había producido en nuestro país en materia filosófica, lo hizo convencido de que no quería presentarse como un observador del tema, sino como un participante: sin afanes de objetividad, pero sí con una gran “pasión en los juicios”.

Así surgió el libro La filosofía en México en el siglo XX. Apuntes de un participante (DGP-Conaculta,2013), en el que el investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM ofrece una especie de reflexión, más que historia, sobre lo mucho que se hizo en filosofía en el siglo XX mexicano.

“La palabra ‘apuntes’ alude a una memoria fragmentada, a los fragmentos que coloqué uno tras otro: es una historia de la filosofía, pero escrita desde adentro, no desde la perspectiva objetiva de un observador”, explicó en entrevista con MILENIO el filósofo, quien para la escritura del volumen recuperó ensayos y lecturas críticas, pero también conversaciones y entrevistas.

El libro intenta hacer un mapa de toda la filosofía que se hizo en México en el siglo XX, siendo el eje de la publicación el primer capítulo, que se divide en cuatro etapas: la primera es lo que llama la “generación de los refundadores”, la de José Vasconcelos, Antonio Caso y Samuel Ramos.

En la segunda se refiere a la irrupción del exilio español, fase que Carlos Pereda definió como la “generación de los trasterrados”, en la que, sobre todo, aborda a figuras como José Gaos y María Zambrano; a la tercera la llama “de los grandes bloques”: “paradójicamente la gran mayoría de los ‘jefes’ fueron alumnos de Gaos: en el bloque marxista la gran figura es Adolfo Sánchez Vázquez, mientras que en el pensamiento latinoamericanista descuella Leopoldo Zea”.

“La cuarta fase la defino como ‘la irrupción del archipiélago’, porque ya no hay grandes bloques, pero existe una gran cantidad de pensadores interesantes que siguen su camino.”

CONTRA LA IDEA DE NACIONALIDAD

El título del libro define parte de los objetivos de Pereda, ya que refleja su sentir contra el término “filosofía mexicana”, por lo cual se refiere a la reflexión producida en México. “No hay nada parecido a una filosofía mexicana. Toda filosofía es un diálogo con personas del pasado y del presente, y no son siempre los que están más cerca a nosotros. Todas las filosofías del mundo se han hecho de tradiciones muy diversas, no ha habido algo así como una filosofía nacional.

“Después de todo, para poner un ejemplo muy célebre, las dos grandes influencias de Kant fueron Hume y Rousseau, es decir, un inglés y un francés. Siempre la filosofía tiene algo que ver con lo que algunos filósofos han llamado ‘la conversación de la humanidad’.”

Si la filosofía tiene mucho de conversación, asegura Pereda, también es necesario hablar de los vicios o problemas que la han acompañado a lo largo del siglo XX, no solo en México, sino en América Latina en general.

“Entre esos vicios hablo de lo que en algunas veces llamo ‘el afán sucursalero’, que es un esfuerzo por, en lugar de pensar por uno mismo los problemas, querer hacer sucursales de otras casas centrales del pensamiento que están en otros países. El desafío mayor de la filosofía mexicana, hoy como ayer, es combatir esos vicios.”

 — JESÚS ALEJO SANTIAGO