4 de enero de 2013 / 03:38 p.m.

A sus 72 años y con la vista perdida en 80 por ciento, don Manuel Flores recorre todos los fines de semana hasta tres barrios al oriente de la Ciudad de México, ofreciendo el ahuautle, un platillo prehispánico que se niega a morir en las calles de la capital mexicana.

En 2012 don Manuel cumplió 52 años de caminar por más de 20 de barrios de las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco, como Mixquic, San Juan Ixtayopan, Nativitas, La Viga, Tulyehualco, Tlaltengo, Santiago Zapotitlán, San Lorenzo, Culhuacán, así como por municipios como Chalco y Chimalhuacán.

Su andar es lento, se apoya de un bastón para sentir con qué es lo que topará a su paso; en su hombro derecho carga un costal de más de seis kilogramos con el ahuautle que vende a 120 pesos el cuarto, pero que el cantar que suelta para venderlo es único. Cada 20 pasos grita con un sonido agudo ¡ahuauuuutleee!

Pocos se acercan a comprarle, pero lo miran con simpatía, don Manuel camina con el mismo fervor con que lo hacía en la década de los 60. Le enseñó su padrastro, no solo a vender, sino a ofrecerlo con el tradicional anuncio a capela.

“"Le tengo mucho amor a esto porque me ha dado de comer y para vivir. No ando puerta por puerta ofreciéndolo, voy gritando calle por calle, ya conocen mi voz y mi camino. De mi familia soy el único que queda, antes era mi tío, pero ahora nada más quedo yo"”, cuenta en su casa de la colonia Peñón de los Baños.

El ahuautle es conocido como el caviar azteca o mexicano con más de 500 años de historia y que le ofrendaban a Cuitláhuac y Moctezuma como un manjar.

Es un platillo hecho con el huevo de mosco (axayácatl) que enreda en una teleraña y que fuera del agua es capeado y presentado con romeritos, tradicionales de esta época, o en salsa verde con flor de calabaza o nopales.

Gustavo Ayluardo, es presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados en Iztapalapa, y es uno de los clientes de don Manuel, con la intención de rescatar el platillo que desde hace siglos se ha extraído del lago de Texcoco.

"“Es un platillo artesanal que se prepara con mucho cuidado y esmero, porque actualmente es un platillo que tiene un costo muy elevado y debemos valorarlo. Cuando decimos hueva de mosco inmediatamente hay un rechazo. Aun así mi compromiso es rescatar estos platillos ancestrales del medio lacustre que teníamos aquí en Iztapalapa, para que no se pierdan"”, expone Gustavo Ayluardo.

El ahuautle es cada vez menos común en la dieta de los capitalinos. Incluso, la hueva del mosco acuático de la zona lacustre del Valle de México se ha reducido hasta 70 por ciento por la desecación del lago de Texcoco.

Tiene un sabor parecido al camarón molido, porque se trata de un mosco acuático, el mismo con el que se alimenta la fauna del lago, como los patos silvestres. Pero es un manjar que se pierde en la actualidad, por lo que don Manuel guía a su nieto para que esa tradición continúe, hasta piensa en dejarle grabado su tradicional grito de anuncio para reproducirlo en la ciudad para conservarlo, similar a los tamales oaxaqueños.

En la Ciudad de México aún se puede encontrar en mercados como La Merced y San Juan de Letrán, pero al oriente solo a través de don Manuel.

— ALEJANDRO MADRIGAL