25 de marzo de 2013 / 02:32 p.m.

El Papa comenzó la Semana Santa con un sermón en el que invocó la sabiduría popular de su abuela, enfatizando aún más el aspecto original de un papado que pretende acercarse más al pueblo.

En su primera misa importante desde que fue elegido, Francisco se dirigió ante una gran multitud congregada para el Domingo de Ramos con un lenguaje llano en el que los animó a evitar la corrupción y la codicia y llegar a "“los humildes, los pobres y los olvidados”".

Apartándose del texto que tenía preparado, el obispo de Roma afirmó: “"El sudario no tiene bolsillos, solía decir mi abuela"”.

Desde que fue elegido el 13 de marzo, Jorge Mario Bergoglio ha roto con el estilo esotérico y algunos dirían ostentoso de su predecesor Benedicto XVI, diciendo que quiere acercar la Iglesia a los pobres y desamparados.

"“Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas han sido infligidas a la humanidad por el mal! Guerras, violencia, conflictos económicos que han golpeado a los más débiles por la ambición por el dinero, el poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación”", dijo.

ESTILO AUSTERO

Francisco decidió celebrar la misa del Jueves Santo en una cárcel de menores en las afueras de Roma, en lugar del Vaticano o en una basílica de Roma donde la han oficiado todos sus predecesores.

También invitó a trabajadores, como jardineros y barrenderos de la sede pontificia, a acudir a sus misas matinales en el hotel vaticano, donde sigue viviendo antes de trasladarse a los apartamentos papales en el Palacio Apostólico.

La misa del Domingo de Ramos, ante alrededor de 250 mil personas que llevaban palmas y hojas de olivo en la plaza de San Pedro, le dio otra oportunidad para insistir en que desea una Iglesia católica —sacudida por escándalos de corrupción— más austera y justa.

El Papa recalcó ayer que la Iglesia, como Jesús hace 2 mil años, quiere transmitir un mensaje de esperanza, “"especialmente a los corazones de la gente humilde, los pobres, los olvidados, aquellos que no importan ante los ojos del mundo"”.

Tras bendecir las palmas y ramas de olivo, Francisco caminó hasta el altar al pie de las escaleras de la basílica de San Pedro para comenzar la misa al aire libre.

Volvió a instar a la defensa del medio ambiente, hablando de “"nuestros pecados personales: nuestra incapacidad para amar y respetar lo de Dios, lo de nuestro vecino y a toda la creación”".

— REUTERS