16 de febrero de 2013 / 11:38 p.m.

Chilpancingo • A mil 500 metros del altura sobre el nivel del mar, en pleno corazón de la sierra madre del sur la inspiración fluye, entonces el jefe militar recita un poema escrito a la belleza de una flor condenada al exterminio.

“Flor serrana de multicoloresque embelleces las altas montañaste han escrito tan bellas cancionesy has coronado bellas cortesanas”.

“Al mirarte sembrada en la tierrano lo puedo evitar y te admiroVives tan alto allá en la sierradonde todo parece perdido”.

“Los rincones más inusitadospara cuyo arribo no hay caminode tu fértil progenie plagadosse asemejan jardines floridos”.

¿Cómo siendo tú tan hermosa?tan dañina te vuelves con el tiempoflor divina, linda paradojaque por dentro eres solo veneno.

Es la voz de Gregorio Espinosa Toledo, coronel del Ejército Nacional y comandante del 50 batallón de infantería destacamentado en Chilpancingo, quien ha pasado las últimas semanas en campaña permanente contra los cultivos ilegales de marihuana y amapola.

Al paso del oficial y los militares bajo su mando, millones de plantas sufren la devastación a punta de vara o de machete, finalmente son pasadas por fuego para evitar que sobreviva la semilla, misma que goza de una resistencia extraordinaria.

El combate propicia la cercanía, así que resulta imposible pasar por alto el color encendido de sus pétalos, la mirada intensa que parece formarse en los pistilos que coronan la vulva de la que se extrae la goma de opio.

Lo escucha con atención el general de la 35 Zona militar, Juan Manuel Rico Gámez, quien descansa a la sombra de una enramada acomodada por la naturaleza en ese punto de la zona rural de Heliodoro Castillo.

El poema termina y las palmas no se hacen esperar, hay un reconocimiento al talento surgido al calor de una lucha contra la siembra, cultivo y comercialización de una flor que en sus primeros días concentra color, belleza y vida, pero que al paso del tiempo se convierte en una droga nociva para la vida en sociedad.

ROGELIO AGUSTÍN