— LORENZO ROCHA
29 de agosto de 2013 / 04:27 p.m.

México  • Alrededor de los años sesenta del siglo XX, hubo un momento en el que algunos arquitectos experimentaron una extraña lucidez y estuvieron a punto de transitar de ser profesionistas elitistas a atender las auténticas necesidades del público, del usuario de sus edificios y espacios urbanos. Desgraciadamente, su buena intención no trascendió, al igual que los demás movimientos sociales de 1968. “La arquitectura es demasiado importante para dejarla en manos de los arquitectos”, solía decir el arquitecto italiano Giancarlo de Carlo, uno de los miembros del Team X —junto con otros destacados arquitectos, orientados a los aspectos sociales, como los holandeses Jaap Bakema y Aldo van Eyck—. De Carlo fue uno de los primeros en articular su trabajo de diseño con el aspecto político inherente a su profesión: nunca disoció a la arquitectura de la política, en cuanto a que ambas disciplinas debaten fines y valores sociales. La política de su época tuvo un componente de resistencia contra el fascismo, que inició durante la Segunda Guerra Mundial, y prosiguió con una actitud de rechazo a todos los sistemas políticos totalitarios. De Carlo perteneció al movimiento anarquista de posguerra y se mantuvo como una figura manifiestamente antisistema que criticaba tanto a la práctica arquitectónica de su época como a los círculos académicos por la predilección de ambos por la forma y las imágenes lustrosas de los edificios, por encima de la experiencia física del espacio y el beneficio social de los proyectos.

 

La auténtica participación ciudadana en las decisiones que atañen a la morfología de los espacioscomunes dentro de los conjuntos habitacionales, o en los parques y centros urbanos, tiene que pasar forzosamente por procesos de democracia directa y no por los canales establecidos por la administración pública o el gobierno. La autoorganización civil es un derecho ciudadano que responde a todas las contingencias derivadas de la vida en comunidad dentro del contexto urbano, y en el momento en que es regulada o controlada por las autoridades, se convierte en un mecanismo distinto de organización política, más afín a los partidos y las elecciones que a la búsqueda del bienestar ciudadano.

 

Del trabajo teórico de este notable personaje destaca una conferencia dictada en Lieja en 1969: “El público de la arquitectura”, que después se publicó como un artículo académico en el que subraya el concepto central de su célebre aforismo: “Un edificio es tan solo el esbozo de un potencial; no es arquitectura hasta que sus muros y espacios no sean activados por el grupo de personas para quienes fue construido”.