14 de junio de 2013 / 02:28 p.m.

Jorge Arturo Espinosa Zepeda es el donador de sangre número uno de la Cruz Roja Mexicana, pues en 33 años lleva 104 traspasos de sangre de forma gratuita.

En marzo de 1979 inició su campaña altruista cuando por primera vez donó 450 mililitros de su sangre.

De su cuerpo han salido 52 litros de sangre, sin importar para quién sea.

Tiene clara su labor de donar sangre, pues la realiza al menos cada dos meses con el único fin de salvar una vida.

""Esto inició porque fueron a la preparatoria donde estudiaba, ahí llegaron voluntarios de la Cruz Roja Mexicana a pedirnos apoyo, a invitarnos a donar sangre, y desde ahí dije qué es eso, investigué y ahora lo hago varias veces por año"", señaló.

"“Fue entonces que me invitaron a donar, y fue como incursioné en esta labor humanitaria, a esta acción de la Cruz Roja”".

Sin cobrar ni un centavo acude al menos cuatro veces por año a donar a instituciones públicas, principalmente a la Cruz Roja.

Aunque también lo ha hecho para instituciones privadas donde suma ya 70 donaciones, principalmente para amigos y familiares.

""He donado para amigos, compañeros y otras personas; la sangre ha sido para el hospital de cardiología, de cancerológica, al Seguro Social"", detalló.

""Todo lo hago de corazón, no tengo otro beneficio, y el único objetivo es salvar una vida, es colaborar para eso, para que la gente se pueda ayudar con algo tan necesario como la sangre"".

A pesar de ser cliente frecuente de las donaciones tiene que pasar por todo el proceso, incluso la primera toma para saber si es apto.

También le toman su peso y su talla. Después de traer el resultado de su muestra siempre ha salido apto para donar.

Desde hace 33 años él sabe que si quiere seguir con su labor altruista, debe de abstenerse de algunas cuestiones, por lo que no fuma, no ingiere bebidas alcohólicas y trata de cuidarse siempre.

Espinosa Zepeda dice que sus donaciones de sangre no son una opción para obtener dinero, pues no lo necesita, lo hace por el gusto, por ayudar a alguien más, incluso personas desconocidas.

Solo en una ocasión dejó de donar: estuvo secuestrado y eso le causó un problema que evitó que saliera de su casa por varios meses.

Después de cinco minutos en el Banco de Sangre de la Cruz Roja salió del espacio donde dejó su sangre.

De ahí se fue a una pequeña estancia donde le dieron una torta, un té y un chocolate, además de que recibió las indicaciones como no manejar hasta dejar pasar 30 minutos después de la donación.

Y al final dijo estar listo para regresar y continuar en el primer lugar de donaciones, y poder seguir recibiendo unos pines en forma de gota de sangre que acreditan que llevó su sangre al banco de donaciones.

"“Nos vemos en dos meses, casi a finales de agosto, pero aquí estaremos"”, dijo.

 — ILICH VALDEZ