5 de junio de 2013 / 04:46 p.m.

México • La decisión de ser escritor la tomó cuando contaba con 15 años de edad. El momento en que de alguna manera sintió que ya lo había logrado se dio cuando casi llegaba a las tres décadas de vida, al aparecer el libro Albercas.

“"En los orígenes hay un acto de descaro, de imprudencia y de avanzar sin conocer la meta; a mí mismo de pronto me sorprende decir ‘voy a escribir’. Me acuerdo cuando tomé la decisión a los 15 años, y le dije que quería ser escritor a un amigo en un tranvía. Me dijo que era absurdo: ‘No sabes escribir, ni siquiera lees suficientes libros’, con la franqueza demoledora con la que te hablan los amigos"”, confiesa Juan Villoro en entrevista con MILENIO.

Con la audacia que da la imprudencia y la ignorancia, recuerda el escritor, comenzó a escribir sus primeros cuentos; incluso, consiguió publicar un primer libro, La noche navegable, pero fue a partir de su segundo volumen que encontró la unidad con lo que produce en la actualidad.

Un repaso a 30 años de escritura, en particular a partir del cuento y de la crónica, es lo que ofrece Juan Villoro con su más reciente título, Espejo retrovisor (Seix Barral, 2013), un viaje por el túnel del tiempo, en el que ha tratado de ser fiel “al único proceso selectivo genuino que puede tener un autor: la memoria.

“"No traté de convertirme en mi propio juez, en mi propio crítico literario y hacer una ponderación pretendidamente objetiva de lo que había hecho, sino ser fiel a la presencia que los relatos tienen en mi mente: si se trata de un viaje en el tiempo no hay instrumento más fiel que la memoria."”

Es un libro conformado por las preocupaciones del escritor a lo largo de su obra: la política, la familia, los viajes, el rock, los misterios de la vida literaria, en una antología que incluye crónicas y cuentos inéditos en libro.

“"No hay nada más misterioso, más complejo, ni más profundo, que la vida diaria. Ni siquiera quiero meterme en grandes conflictos sociales, sino en situaciones cotidianas, infraordinarias que de pronto te revelan una sorpresa.

“"El lema de los espejos retrovisores, ‘las cosas están más cerca de lo que aparentan’, se convirtió en un paradigma de la crónica y del cuento, en la medida en que si te fijas bien en las cosas del mundo te das cuenta de que te tocan mucho más de lo que habías pensado, son más significativas."”

Entre el cuento y la crónica

Juan Villoro siempre se mantiene atento a lo que sucede a su alrededor; en esta semana, incluso, presentará dos libros, uno de la joven autora Julieta García González y otro del holandés Cees Nooteboom. Apenas un ejemplo de lo que considera fundamental para cualquier escritor, de ficción o de no ficción: mantener alerta la curiosidad y tenerla dispersa, para establecer conexiones entre zonas muy distintas de la realidad.

“"Hay muchas maneras de pensar en la escritura. Para empezar es una manera de ordenar un mundo caótico: nosotros observamos la realidad y se nos presenta como algo tumultuoso, incesante, desarticulado. Son demasiados estímulos los que recibimos: ¿cómo soportar el peso del mundo o de la realidad? Necesitamos contarnos historias como un paliativo para la realidad"”, asegura Villoro.

Cuando empezó a escribir, estaba interesado en la literatura de umbral entre lo real y lo fantástico, situaciones ambiguas en las que no sabía si un personaje había muerto o no, o si el personaje era imaginario o real; ahí entra su relación con la crónica, que adiestra mucho para entender la complejidad de lo real, pero “"también te permite situarte en la piel del otro, lo que no siempre haces como narrador"”.

De ahí su vinculación con el cuento y la crónica, géneros en los que se siente igual de incómodo, convencido de que solo de esa manera se logra la escritura, “"que surge de la incomodidad, del desafío, del reto: la primera prueba de que te interesa una mujer es porque te pone nervioso. Las cosas que valen la pena siempre te hacen sentir en desventaja"”.

JESÚS ALEJO SANTIAGO