15 de agosto de 2013 / 03:34 p.m.

Washington DC -Baltimore • Cuando una persona tiene una lesión cerebral tan grave que no puede estrechar la mano de un ser querido ni reaccionar en forma alguna, existen pocos métodos eficaces para determinar si le queda algún grado de conciencia o ha caído en estado vegetativo. Ahora los investigadores han creado una herramienta para echar una mirada al interior del cerebro y medir los diversos niveles de conciencia.

El trabajo dado a conocer el miércoles es altamente experimental, no está en condiciones de ser usado en pacientes, pero si resulta eficaz, se plantea el grave problema de cómo utilizarlo sin generar falsas esperanzas. Nadie sabe qué nivel de conciencia de un cerebro lesionado permite pronosticar su recuperación.

Pero ofrece la posibilidad de que algún día los médicos puedan medir el nivel de conciencia con la misma facilidad con que miden la presión arterial.

"La conciencia puede aumentar y disminuir", dijo el doctor Marcello Massimini, neurofisiólogo de la Universidad de Milán que dirigió el estudio para cuantificar ese proceso bajo distintas circunstancias.

Parece evidente: la conciencia disminuye durante el sueño profundo y el médico puede inducirlo mediante la anestesia. Pero los científicos no poseen un medio eficaz para medir la conciencia, sobre todo cuando un paciente muy enfermo parece estar inconsciente. Es importante tratar de distinguir un grado de conciencia mínimo de un estado vegetativo, porque cuanto antes aparece una señal de conciencia, mayor es la posibilidad de recuperarse.

En la actualidad, el médico verifica si ese paciente puede obedecer una orden de parpadear o mover una extremidad o si reacciona ante el tacto o el dolor. Si no lo hace, un escaneo de la actividad cerebral eléctrica puede brindar algunas pistas. Se ha introducido pacientes aparentemente inconscientes en indicadores de resonancia magnética y se les ha dicho que imaginen que lanzan una pelota. La reacción del cerebro puede indicar si el paciente es consciente de la orden pero no puede cumplirla. Pero todos estos exámenes tienen sus contras.

El nuevo trabajo, publicado en la revista Science Translational Medicine, apunta a una medida más sencilla y objetiva. Se basa en la teoría de que la conciencia depende de la complejidad de la actividad cerebral, es decir, en qué medida las distintas regiones se conectan y procesan la información. Por ejemplo, una persona profundamente dormida tal vez no se despierte al sonar la alarma de un auto cercano, pero el cerebro procesa el hecho de haberla escuchado. Cuando uno está despierto, también procesa lo molesto que es ese ruido y cuántas veces se produce.

El equipo de Massimini combinó dos artefactos médicos conocidos. Primero, una bobina lanza una pulsación magnética fuerte que atraviesa el cráneo para estimular el cerebro, como un golpe para decirle, "despierta". A continuación, un electroencefalógrafo, que mide las ondas cerebrales por medio de electrodos sujetos al cuero cabelludo, registra los patrones de actividad cuando reaccionan las neuronas.

Los investigadores crearon una fórmula para comparar la complejidad de esos patrones cerebrales al "comprimirlos", como se hace con los archivos digitales para enviarlos por correo electrónico. A esa medición numérica la llamaron índice de complejidad de la perturbación (PCI en inglés).

El equipo comparó los resultados de 32 personas sanas despiertas, dormidas, soñando o anestesiadas con los de 20 personas que habían sufrido diversas lesiones cerebrales graves. Dos pacientes conscientes de las órdenes pero incapaces de cumplirlas obtuvieron puntajes casi tan altos como personas sanas despiertas. Las personas diagnosticadas con estado vegetativo obtuvieron puntajes tan bajos como personas sanas bajo una fuerte anestesia. Los que poseían una conciencia mínima se situaban entre esos dos extremos.

Los investigadores advierten que el método podría no advertir la conciencia y por tanto no darle al médico suficiente información para tomar decisiones sobre el fin de la vida.

Pero es un estudio que ofrece pistas altamente prometedoras, dijo el doctor Nicholas Schiff, profesor de neurología en la universidad médica Weill Cornell de Nueva York, que no intervino en el proyecto.

Si demuestra ser eficaz, lo más importante sería que el médico tendría un medio para determinar si un paciente mejora con tal o cual tratamiento, dijo la doctora Lori Shutter, especialista en cuidados intensivos del cerebro en la Universidad de Pittsburgh, quien tampoco tuvo participación en el proyecto.

Pero advirtió que el hecho de encontrar un mínimo de conciencia podría despertar en la familia del paciente la falsa esperanza de una recuperación cuando ya no existe la menor posibilidad.

"Esto puede enseñarnos mucho", dijo Shutter. "Pero una vez que se demuestra que hay un mínimo de conciencia, ¿cómo reaccionará la familia?"

— AP