12 de julio de 2013 / 01:43 p.m.

México • En México no hay artículos comerciales de origen natural que eviten la deshidratación de productos agrícolas de mayor consumo e importancia para mercados nacionales e internacionales, y que sean funcionales para conservar su apariencia, garantizar la sanidad y alargar su vida en anaquel, afirmó Andrea Trejo, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM.

Con su equipo de investigación, Trejo trabaja un proyecto para el desarrollo de envases activos —recubrimientos orgánicos, biodegradables e incluso comestibles a base de fitomoléculas—, como una alternativa de almacenamiento natural que hace posible alargar la vida de anaquel de frutos frescos y mínimamente procesados (productos cortados y desinfectados, listos para su consumo).

“La tecnología del envasado activo es un concepto relativamente nuevo, dirigido a incrementar la vida útil de los productos sin alterar su calidad nutricional y sensorial, así como la seguridad microbiológica. El desarrollo de los recubrimientos comestibles surge como una alternativa prometedora para la mejora de la calidad y conservación”, comentó la especialista.

La técnica

“Trabajamos con extractos de plantas del desierto mexicano como damiana, orégano, hojasen, sangre de drago, gobernadora, tomillo y romero, variedades tradicionales que se utilizan para infusiones o condimentar platillos; de éstas se extraen los compuestos bioactivos para su estudio y aplicación”, detalló Trejo.

Contienen compuestos con actividad antifúngica (contra hongos), que pueden utilizarse como antimicrobianos en el envase activo. “Los extractos se incorporan como parte de recubrimientos naturales que se aplican a los frutos, de esta manera garantizamos el control de enfermedades sin utilizar fungicidas químicos o conservadores”, aseguró.

Los envases activos son “aquellos que cambian las condiciones del alimento o del entorno para extender su vida útil, aumentar su seguridad microbiológica y mejorar sus propiedades manteniendo de su calidad”, abundó.

Se desarrollaron con extractos acuosos y etanólicos obtenidos de las plantas; se añaden a un material polimérico —como carboximetilcelulosa, mucílago de nopal, grenetina o ceras de abeja, entre otros—, en que se sumergen las frutas u hortalizas, y además de aportarles brillo, mejoran el control de enfermedades.

Experimentos

Como parte de este proyecto, y con el apoyo de estudiantes de la licenciatura de ingeniería en alimentos, el grupo de investigación ha observado el comportamiento de fresa, zarzamora, chirimoya, mora, aguacate, jitomate, ciruela, mango y naranja. En el caso de hortalizas, con verdolaga.

Esta última es un producto típico del país, pero no se consume con frecuencia debido a problemas de inocuidad. “Lo que hacemos es ponerlas en contacto con nuestros compuestos bioactivos para controlar la enfermedad y ofrecer un alimento libre de carga microbiana”, aseguró Trejo.

“Una vez que les aplicamos esta tecnología, algunos pueden consumirse sin necesidad de lavarlos, como la zarzamora y las verdolagas, puesto que se trata de recubrimientos comestibles con capacidad antimicrobiana”, abundó.

Los componentes considerados para el desarrollo de esta línea de indagación tienen valor alimenticio, son inocuos para la salud, no alteran las características organolépticas y resultan benéficos para el consumidor, pues también son potencialmente promotores del sistema inmunológico y de antioxidantes.

Trejo expuso que son barreras naturales que no solo retrasan el metabolismo e inhiben el crecimiento fúngico en frutos y hortalizas, también modifican la atmósfera que los rodea, lo que contribuye a alargar la vida útil de estos artículos.

Los universitarios han logrado en algunos frutos alargar la vida de poscosecha hasta por 10 días más, lo que en términos económicos puede representar una ventaja para productores y comercializadores.

“Este tipo de tecnologías es tendencia global en el área de alimentos; el uso de métodos no contaminantes, que no dañen al consumidor, pero tampoco al medio ambiente, es una alternativa a los fungicidas químicos que acaban con el ambiente”, concluyó Trejo.

Pollo caducado hace 46 años

La policía china destapó una red de venta de partes de pollo que eran almacenadas sin las condiciones sanitarias adecuadas y algunas de ellas habían caducado hace 46 años, informó la prensa del país asiático. La operación se llevó a cabo en la ciudad de Nanning, donde se decomisaron 20 toneladas de patas congeladas.

El hallazgo fue muy comentado en las redes sociales chinas, con fuertes críticas a la falta de control de muchos alimentos, pero también con ironía, ya que los internautas han puesto de moda el término “garras de pollo zombi” para referirse a la mercancía incautada.

Muchos de estos productos eran importados ilegalmente de otros países vecinos y procesados en fábricas chinas, desde donde eran vendidos a diferentes zonas del país.

Algunas de estas piezas de pollo eran conservadas en peróxido de hidrógeno, un aditivo ilegal, para retrasar su fecha de caducidad y darle un aspecto “reciente”, señalaron los responsables de seguridad pública de Nanning al periódico China Daily. (EFE/Pekín)

REDACCIÓN

Científicos de la UNAM obtienen este tipo de envoltura biodegradable a partir de plantas del desierto que combinan con un polímero que mejora la apariencia del producto.

 

 

México • En México no hay artículos comerciales de origen natural que eviten la deshidratación de productos agrícolas de mayor consumo e importancia para mercados nacionales e internacionales, y que sean funcionales para conservar su apariencia, garantizar la sanidad y alargar su vida en anaquel, afirmó Andrea Trejo, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM.

Con su equipo de investigación, Trejo trabaja un proyecto para el desarrollo de envases activos —recubrimientos orgánicos, biodegradables e incluso comestibles a base de fitomoléculas—, como una alternativa de almacenamiento natural que hace posible alargar la vida de anaquel de frutos frescos y mínimamente procesados (productos cortados y desinfectados, listos para su consumo).

“La tecnología del envasado activo es un concepto relativamente nuevo, dirigido a incrementar la vida útil de los productos sin alterar su calidad nutricional y sensorial, así como la seguridad microbiológica. El desarrollo de los recubrimientos comestibles surge como una alternativa prometedora para la mejora de la calidad y conservación”, comentó la especialista.

La técnica

“Trabajamos con extractos de plantas del desierto mexicano como damiana, orégano, hojasen, sangre de drago, gobernadora, tomillo y romero, variedades tradicionales que se utilizan para infusiones o condimentar platillos; de éstas se extraen los compuestos bioactivos para su estudio y aplicación”, detalló Trejo.

Contienen compuestos con actividad antifúngica (contra hongos), que pueden utilizarse como antimicrobianos en el envase activo. “Los extractos se incorporan como parte de recubrimientos naturales que se aplican a los frutos, de esta manera garantizamos el control de enfermedades sin utilizar fungicidas químicos o conservadores”, aseguró.

Los envases activos son “aquellos que cambian las condiciones del alimento o del entorno para extender su vida útil, aumentar su seguridad microbiológica y mejorar sus propiedades manteniendo de su calidad”, abundó.

Se desarrollaron con extractos acuosos y etanólicos obtenidos de las plantas; se añaden a un material polimérico —como carboximetilcelulosa, mucílago de nopal, grenetina o ceras de abeja, entre otros—, en que se sumergen las frutas u hortalizas, y además de aportarles brillo, mejoran el control de enfermedades.

Experimentos

Como parte de este proyecto, y con el apoyo de estudiantes de la licenciatura de ingeniería en alimentos, el grupo de investigación ha observado el comportamiento de fresa, zarzamora, chirimoya, mora, aguacate, jitomate, ciruela, mango y naranja. En el caso de hortalizas, con verdolaga.

Esta última es un producto típico del país, pero no se consume con frecuencia debido a problemas de inocuidad. “Lo que hacemos es ponerlas en contacto con nuestros compuestos bioactivos para controlar la enfermedad y ofrecer un alimento libre de carga microbiana”, aseguró Trejo.

“Una vez que les aplicamos esta tecnología, algunos pueden consumirse sin necesidad de lavarlos, como la zarzamora y las verdolagas, puesto que se trata de recubrimientos comestibles con capacidad antimicrobiana”, abundó.

Los componentes considerados para el desarrollo de esta línea de indagación tienen valor alimenticio, son inocuos para la salud, no alteran las características organolépticas y resultan benéficos para el consumidor, pues también son potencialmente promotores del sistema inmunológico y de antioxidantes.

Trejo expuso que son barreras naturales que no solo retrasan el metabolismo e inhiben el crecimiento fúngico en frutos y hortalizas, también modifican la atmósfera que los rodea, lo que contribuye a alargar la vida útil de estos artículos.

Los universitarios han logrado en algunos frutos alargar la vida de poscosecha hasta por 10 días más, lo que en términos económicos puede representar una ventaja para productores y comercializadores.

“Este tipo de tecnologías es tendencia global en el área de alimentos; el uso de métodos no contaminantes, que no dañen al consumidor, pero tampoco al medio ambiente, es una alternativa a los fungicidas químicos que acaban con el ambiente”, concluyó Trejo.

Pollo caducado hace 46 años

La policía china destapó una red de venta de partes de pollo que eran almacenadas sin las condiciones sanitarias adecuadas y algunas de ellas habían caducado hace 46 años, informó la prensa del país asiático. La operación se llevó a cabo en la ciudad de Nanning, donde se decomisaron 20 toneladas de patas congeladas.

El hallazgo fue muy comentado en las redes sociales chinas, con fuertes críticas a la falta de control de muchos alimentos, pero también con ironía, ya que los internautas han puesto de moda el término “garras de pollo zombi” para referirse a la mercancía incautada.

Muchos de estos productos eran importados ilegalmente de otros países vecinos y procesados en fábricas chinas, desde donde eran vendidos a diferentes zonas del país.

Algunas de estas piezas de pollo eran conservadas en peróxido de hidrógeno, un aditivo ilegal, para retrasar su fecha de caducidad y darle un aspecto “reciente”, señalaron los responsables de seguridad pública de Nanning al periódico China Daily. (EFE/Pekín)

REDACCIÓN