23 de febrero de 2013 / 07:21 p.m.

México • Cuando Charlie se da cuenta del cadáver, vemos que su impacto es sincero —muy buena actuación de John Goodman—; entonces los Coen son muy cerebrales en la situación dramática que nos van a mostrar, pues nada más vemos a Barton aterrorizado, asegurando que él no la mató, mientras escuchamos a Charlie vomitar en la cocineta. Cuando sale escurriendo vómito, se hace cargo de la situación: primero convence a Barton de no llamar a la policía, porque no le va a creer y terminará en la cárcel y, segundo, pide que se calme, que él va a deshacerse del cadáver porque es su amigo. ¡La historia nos ha seducido!

El punto medio de Barton Fink es un acontecimiento climático que llega al paroxismo y no tiene parangón en el tercer acto; a partir de ese momento, el personaje se vuelve fascinante porque se transforma en piltrafa humana y hacemos empatía porque estamos seguros que él no mató a Audrey; por eso su hundimiento emocional nos da lástima y compartimos el rompimiento contundente que provoca despertar con una mujer a la que se le hizo el amor y que al día siguiente está muerta, bañada en sangre.

En la crisis del punto medio, la emoción es única, pues nos damos cuenta de que Barton toca fondo y su terror lo lleva al borde de la locura, porque no sabe qué pasó y no tiene la menor idea de quién mató a Audrey; los espectadores sentimos lo mismo que el personaje, ¿es que también nos estamos volviendo locos? Lo único que queda a Barton como alternativa es llorar incontenible, sentado en un horrible colchón empapado en sangre.

Los autores han logrado convencernos de que Barton y Charlie son buenos amigos y que éste le da seguridad a aquél; cuando el escritor se entera de que su amigo tiene que hacer un viaje a Nueva York, siente miedo porque no quisiera quedarse solo; Charlie lo tranquiliza asegurándole que regresará pronto y le pide guardar una caja sellada que tiene cosas personales.

Los Coen saben destrozar las recetas y encuentran una manera sui géneris de sorprendernos más aún, pues Barton, en medio de su patético drama, es tocado por la musa y se suelta a escribir, y nada ni nadie puede detenerlo; el único testigo de su ejemplar creatividad es la caja sellada. Cuando termina el guión le habla a su representante a altas horas de la noche para asegurarle que es lo mejor que ha escrito.

Cuando la policía busca a Barton y le muestra una fotografía de Charlie diciéndole que es un criminal y que se encontró el cuerpo de Audrey sin cabeza, sabemos el contenido de la caja.

Barton Fink (Estados Unidos, 1991), dirigida por los hermanos Coen, con John Turturro y John Goodman.

JORGE GALLARDO DE LA PEÑA