EDUARDO RABASA
5 de mayo de 2013 / 04:03 p.m.

México • Los entresijos del mundo de los libros son bastante aburridos por naturaleza, pues en general el proceso que lleva a su publicación no tiene nada de fascinante. De ahí que las memorias de los editores más legendarios prácticamente no interesen a nadie más que a sus colegas. Pero como en todo hay excepciones notables, tenemos el más reciente libro de Roberto Calasso, L’impronta dell’editore, donde recoge sus impresiones de más de 50 años construyendo el catálogo de Adelphi. Para muestra, consideremos tan solo que Calasso es el único editor capaz de vincular el sueño de digitalizar todos los libros del mundo en una biblioteca universal con las bandhu —las conexiones de las que, para los videntes védicos, están hechos el mundo y el pensamiento del mundo—.

Calasso aborda un artículo del director ejecutivo de la revista Wired, Kevin Kelly, en el que, con una retórica cursi, explica el proyecto de digitalizar los aproximadamente 32 millones de libros que se han escrito en la historia de la humanidad en una sola biblioteca albergada en la red. La voracidad no termina ahí, pues Kelly pretende archivar también todos los cuadros, esculturas, películas, páginas web y blogs que se hayan creado alguna vez, en una especie de compresión en la pantalla de cualquier expresión humana de la historia. La sola idea le provoca una profunda aversión a Calasso: "Se trata quizá de la forma más avanzada de persecución que se haya jamás descrito: la vida asediada por una vida donde nada se pierde y todo está condenado a subsistir, siempre disponible, sofocante". Bajo el sueño de Kelly, una vez incorporados a la biblioteca los libros serán intervenidos, mutilados, cambiados por los lectores, que trazarán conexiones con otros lectores que a su vez los intervendrán, los mutilarán y los cambiarán. La lectura dejará de ser solitaria para convertirse en una "actividad comunitaria". En ese punto Calasso no puede más y recuerda a las conexiones –bandhu– de las que está hecho el mundo, y considera que la megalomanía de Kelly es una "inversión del origen2, pues en lugar de que las conexiones sean el mundo, se busca encapsularlas en la aséptica y plana comodidad de una pantalla.

Al parecer los acólitos de lo digital no entienden el significado de la imagen de Borges: el misterioso poder del Aleph reside en ser un desconocido y minúsculo agujero. La única condición bajo la que el todo resulta atractivo es que por favor guarde la mayor distancia posible de nosotros durante el resto de nuestra vida.