17 de febrero de 2013 / 06:53 p.m.

México.- Hablar de los orígenes y culpabilidades del conflicto árabe-israelí conduce a menudo a argumentos del estilo del huevo y la gallina. Según con quien se hable se obtiene un punto de vista distinto y, en estos momentos, no existe prácticamente nadie con conocimiento de causa que considere que existe una solución viable en el futuro próximo. Tanto así que el escritor EtgarKeret escribió en un artículo publicado en el periódico israelí Haaretzque durante una entrevista con el actual primer ministro, y luego de presionarlo para que le respondiera sin evasivas cuál era su plan para solucionar el conflicto, Netanyahu le respondió que ninguno porque el conflicto no tiene solución. Sin embargo, lo que es inobjetable es que quien detenta la fuerza manda, y que la lucha se libra a niveles complejos, algunos casi tectónicos, que cada vez cercan más a los palestinos, tanto física como mentalmente, llevando a convertir en permanente la actual situación de asedio por parte del gobierno israelí.

Una visita a Jerusalén Oriental funciona como un curso en ingeniería social que cerca y divide. Es impresionante notar cómo donde termina un asentamiento israelí termina la acera que bordea la calle. El guía que nos muestra la realidad paralela nos muestra cómo identificar fácilmente desde la distancia los hogares palestinos: todos cuentan con tanques de agua en el techo, pues no la reciben entubada con la presión suficiente, y el paisaje muestra lo inobjetable de su observación. Después nos conduce a la Barrera Israelí de Cisjordania, que ha sido condenada por todo organismo internacional, y que además de devastar económicamente a las comunidades palestinas aledañas, los divide entre los privilegiados que quedan dentro de la muralla, y por lo tanto pueden acceder a los servicios públicos que provee la ciudad de Jerusalén, mientras que los que están fuera deben de pedir un permiso especial, a menudo denegado, para visitar la ciudad sagrada para tres religiones. Más allá de las consecuencias políticas y económicas, la ocupación se convierte en un estilo de vida para todos, como lo ilustra la siguiente viñeta contada por el escritor palestino Raja Shehadeh en su libro OccupationDiaries: Un taxista debía someterse varias veces al día al control policiaco para entrar y salir de Jerusalén. Por fin un soldado israelí le pregunta si no se cansa de sufrir cada vez el hostigamiento y la humillación, a lo que el taxista responde: "Si dejara de pasar no tendrían a nadie a quién revisar. Se quedarían sin trabajo".

EDUARDO RABASA