14 de agosto de 2013 / 01:32 p.m.

México • En octubre se estrenará en el Festival Internacional Cervantino El emperador de Atlántida, ópera que Viktor Ullmann escribió como prisionero del campo de concentración de Tezerín. Estelarizada por el barítono José Adán Pérez, la obra se estrenó hasta 1975 en Holanda, gracias a que un compañero de litera de Ullmann había escondido una manuscrito con la obra.

El cantante ha dicho que la ópera escrita en el campo de concentración al que enviaban a los judíos de clases altas, se ha convertido en “un estandarte, por la situación y la tragedia histórica que conlleva la ópera y sus creadores, y sus evidentes referencias a Hitler y su régimen de terror”.

En medio de la incertidumbre de cuánto podría prolongarse su existencia, los prisioneros encontraban la forma de alimentarse de música, teatro, literatura, algo que los devolviera a su antigua condición de seres humanos. Un conmovedor testimonio sobre Tezerín puede leerse en El diario de Helga. Testimonio de una niña en un campo de concentración, de Helga Weiss, que recientemente editó Sexto Piso con traducción de Kepa Uharte.

Pese a las precarias condiciones de sobrevivencia, se hacía teatro en las buhardillas, escribe Helga Weiss. “Ya he ido a varias representaciones. Próximamente estrenarán La novia vendida” (se refiere a la ópera cómica de Bedrich Smetana, con libreto de Karel Sabina). La música es un bálsamo cuando algunas muchachas preparan un espectáculo que Weiss describe como “hermoso. Han cantado, las chicas incluso han preparado una breve escena teatral. Por unos instantes, hemos olvidado completamente. Creíamos estar en casa, en algún teatro; que las velas, colocadas sobre las maletas o los postes, iluminaban el árbol. Que éramos libres”.

A diferencia de Auschwitz, que para algunos, como Ullmann, significó la muerte, en Tezerín se las arreglaron para celebrar algunos bailes, donde “el humor fue inmejorable”. Cantaban canciones políticas, pero lo hacían en checo para que los nazis no se enteraran. Los chicos, agrega Helga, “salvan la situación con su humor”.

El diario de Helga  fue escrito en tiempo presente porque, dice su autora, “siempre es igual de vivo”. Del holocausto “han salido muchas obras. No todas son buenas, incluso algunas son muy malas, otras decoran completamente la situación. Hay información falsa, hay cosas que no sucedieron o ni siquiera pudieron pasar”. Si su libro debe leerse, afirma en una entrevista incluida en el libro, es “porque es veraz… Y quizá precisamente porque está relatado de una manera casi infantil, es accesible, es elocuente”.

 — XAVIER QUIRARTE