JAIME CHABAUD MAGNUS
28 de junio de 2013 / 03:17 p.m.

Con un gremio que se canibaliza de manera cotidiana, el teatro de Nuevo León logra dar pasos importantes sacudiéndose inercias y viejas concepciones que lo lastraban hasta hace poco.

 

México• Con un gremio que se canibaliza de manera cotidiana, el teatro de Nuevo León logra dar pasos importantes sacudiéndose inercias y viejas concepciones que lo lastraban hasta hace poco. Ojalá que las nuevas generaciones pudiesen romper también con el círculo de la grilla eterna en donde se festeja con mayor placer el fracaso ajeno que el éxito propio. Estaría en sus manos cortar con esa autofagia que solo resta a la creatividad y al buen impulso de las cosas que se ven crecer en los escenarios regiomontanos. Pocas ciudades pueden presumir de la cantidad de festivales y encuentros dedicados en exclusiva al arte teatral como tiene Monterrey: de Nuevos Directores (enero), Semana de la Dramaturgia (marzo), Teatro para Niños (mayo), Estatal (junio), Fetibaúl (julio), Monólogos (julio), Festival NL (agosto) y el Coloquio (octubre). Labor enorme que se debe a algunos teatristas y al gestor que es Roberto Villarreal, sin duda.

Dos montajes más cabría destacar del pasado 23 Encuentro Estatal de Teatro: Vacas y RJ Project. Podríamos decir que ambos se encuentran en los extremos de la contemporaneidad. Vacas se construye a partir de una dramaturgia convencional muy bien escrita y divertida, con aciertos y guiños de “modernidad”, y RJ Project lanza su moneda al aire, mucho más alto y más lejos, asumiendo el riesgo de perderse en las nubes.

Por Vacas, Adriana Pelusi obtuvo el Premio Emilio Carballido de la UANL; es una obra que teje la historia de dos hermanas gemelas con suertes muy distintas: la introvertida que nunca tiene suerte ni con los hombres ni con la vida, y la extrovertida que siempre triunfa tirándose a todo aquel que a la hermana poco agraciada le guste. Con las actuaciones de Liliana Cruz, Calixto Valdez y Cristina Alanís (que también la dirige junto a Gerardo Dávila), Vacas fue lo mejor del encuentro, desde mi punto de vista.

Con RJ Project nos encontramos con un trabajo en donde las decisiones artísticas se han quedado a medio camino, tímidas tal vez, cuando el riesgo que enuncian y no cumplen pedía todo el arrojo del que sus creadores son capaces, desde la dramaturgia a manos del retador Gabriel Contreras, hasta la dirección con el potente Javier Serna. Los actores, a pesar de su inexperiencia, finalmente echan toda la carne al asador. Tomar Romeo y Julieta, presumir que se le va a violentar furiosamente, para luego retomarla casi con reverencia, implica una falta de claridad en creadores tan conceptuosos. Falta chamba porque la provocación bien vale la pena.

El teatro regio, sin embargo, se mueve… Y bien.