2 de febrero de 2014 / 03:13 a.m.

Otra vez se demostró que el fervor y la pasión de los fanáticos está por encima del futbol desplegado en la cancha por los equipos en la capital de Nuevo León en el Clausura 2014.

Como se esperaba, pocos aficionados del equipo de la UANL tuvieron acceso a la edición 102 del derbi regiomontano.

El abucheo generado en el silbatazo final reflejó que el público no salió del todo contento, a pesar de la entrega, la garra y la disposición de los jugadores en la cancha.

Hasta e el minuto 80, lo más destacado de la noche había sido el espectáculo de fuegos artificiales del medio tiempo, y la actuación de Celso Piña entonando el tema grabado en el disco de los Rayados.

Sobre el minuto 90 se registró una fricción en La Herradura entre integrantes de La Adicción y elementos de seguridad asignados a la zona.

Jonathan Orozco hizo la atajada del día al desviar casi sobre la línea un remate de Danilinho pero en seguida Chelito condujo por derecha y mandó un balón que Omar Arellano no alcanzó a empujar a las redes.

Arengados por el sonido local, la tribuna del Tec dirigió una porra colectiva antes de salir el Monterrey a la cancha.

Unos 2 mil aficionados de Tigres abarrotaron el lugar destinado para los equipos visitantes, que tuvieron la seguridad de una valla policiaca desde temprana hora.

"Ponhan hue..., Rayados pongan hue...", se escuchaba en el segundo tiempo, mientras la tribuna destinada a los Tigres apenas se escuchaban porras como la tradicional del "Te quiero ver campeón...otra vez".

El Monterrey llegó a seis puntos pero no ha exhibido un futbol que sea convincente a sus seguidores.

Al final Tigres con sólo un gol en cinco partidos, sumergidos en el fondo de la tabla y como el único equipo que no ha ganado en el torneo, su panorama luce desalentador.

Al final, lo mejor del clásico es ver que más allá del fervor en la tribuna, el duelo entre Rayados y Tigres sigue siendo un espectáculo familiar.

TOMÁS VÍCTOR LÓPEZ