23 de junio de 2013 / 09:21 p.m.

Chicago • Luego de seis años de investigación, un grupo de científicos discutió los resultados del estudio clínico Origin que abarcó 12 mil 500 pacientes de todo el mundo con prediabetes o diabetes mellitus de tipo 2 y en el que se demostró que la insulina glargina frente a los tratamientos estándares no elevan los riesgos de desarrollar cualquier tipo de cáncer, sufrir eventos cardiovasculares, infarto cerebral, insuficiencia renal y propiciar muerte prematura.

Investigadores y científicos de las universidades de Pisa, Ochsner Medical Center, Tulane University y de University of Washington detallaron, en conferencia de prensa, que con el estudio Origin (Outcome Reduction with Initial Glargine Intervention) se pretende acabar con la polémica que se desató entre la comunidad médica cuando se publicó que la insulina aumentaba hasta tres veces los daños cardiovasculares, infartos y cáncer, además de que aceleraba la muerte prematura de los enfermos. Además de que era la causante de que de forma prematura desarrollaran ceguera y las amputaciones.

El ensayo clínico aleatorizado efectuado en 40 países, de seis continentes, consistió en darle a los pacientes dosis ajustadas de insulina glargina en ayunas para determinar cuántos pacientes a lo largo de cinco años sufrían muerte cardiovascular, infarto de miocardio o cerebral no mortal, asimismo, a otro grupo se le dio insulina combinada con otros medicamentos para determinar los mismos eventos adversos degenerativos y mortales.

Lo que se detectó, de acuerdo con Ele Ferrannini y Jeffrey Probstfield, de la universidad de Pisa y de Washington, respectivamente, es que en ambos casos no hubo ninguna asociación en un incremento del riesgo de presentar muerte de tejidos, daños irreversibles.

No obstante la combinación de insulina y de tratamientos orales en algunos puede causar niveles altos de toxicidad, lo que obliga al médico efectuar previamente estudios para determinar el tratamiento adecuado, personalizado, para reducir esos riesgos.

Un aspecto importante es que con insulina 90 por ciento de los casos los pacientes con hipoglusemia reducen el avance de la diabetes, en otras palabras, retrasó la progresión de prediabetes a diabetes de tipo 2.

En las sesiones científicas de la American Diabetes Association, los especialistas comentaron que los resultados publicados en la revista The New England Journal of Medicine (NEJM), también dejaron en claro que la diabetes es una enfermedad progresiva que, una vez que ha causado daños a los órganos, resulta irreversible.

Significa que aunque, aclaró Vivian Fonseca, de Tulane University, las personas sean estrictos en sus hábitos alimenticios, se encuentren delgados, tarde o temprano el daño generado en los tejidos y órganos vitales se mantendrá.

"Ahora conocemos mejor la insulina glargina y presenta un excelente control glucemico, reduce la progresión de la disglicemia y no tiene efectos graves para la salud a largo plazo", sostuvo Ele Ferrannini, tras recordar que desde hace más de 20 años la insulina ha sido, por excelencia, el tratamiento base para controlar la diabetes.

En el mundo hay 371 millones de diabéticos y en menos de 15 años la cifra se elevará a 552 millones, 90 por ciento del tipo 2 por obesidad, sobrepeso, principalmente.

México predispuesto a la diabetes

En ASA la comunidad científica anunció también que, conforme a los estudios de genómica realizados, la diabetes tipo 2 al igual que la diabetes tipo 1 tiene un origen hereditario y genético.

En Estados Unidos, dijo Lawrence Blonde y Jeffrey Probstfield, detallaron que por la genética y los cambios de hábitos alimenticios los emigrantes forman parte de la población con mayores problemas para desarrollar la diabetes a edades tempranas- cuando en EU la edad promedio es de 60- y sufrir pancreatitis, es decir, desde cáncer hasta problemas graves de riñón y cardiovasculares.

Aspectos que llaman la atención, es que los mexicanos como los chinos comparten genes que los hace susceptibles de desarrollar diabetes. Los chinos ocupan el primer lugar, seguido de La India, Estados Unidos, Brasil, Rusia y México.

La situación es grave, entre los estadunidenses, la insulina ha contribuido a mantener bajo control los picos de azúcar que pueden llevar a una crisis, a amputaciones, ceguera, pero entre los emigrantes ilegales ante todo la situación es contraria por cuestiones genéticas y poco acceso a los servicios de salud.

La Universidad de Illinois en Chicago reportó que, entre los inmigrantes, resulta alarmante las enfermedades crónico-degenerativas como es el caso de la diabetes tipo 2, misma que padecen 2.5 millones de latinos, de los cuales el 24 por ciento son mexicanos. "Esta enfermedad es responsable del 65 % de las muertes del corazón; de pérdida de visión anual de 24 mil personas y del 60 % de las amputaciones", aclaró.

La pobreza, la baja educación y los embarazos prematuros (el 61 por ciento no completa la secundaria, el 78.5% no está casada y el 80 % está desempleada al momento del parto), son condicionantes para que se incrementarán las enfermedades, mismas que conllevan al homicidios y los suicidios.

Pero esta situación también ya se advierte entre los niños, los cuales están falleciendo, principalmente por accidentes no intencionales, suicidios, cáncer y diabetes. El 19% de este sector tiene sobrepeso; 22% fuma cigarro; 81.4% ha bebido alcohol; el 10% ya tuvo contacto con drogas.

Se estima que el 48% de los niños y adolescentes emigrantes nunca han acudido a servicios de salud.

Contrario a lo que se llega a pensar, la población de emigrantes que establecerse en EU ve deteriorada su estado de salud en tan sólo 10 años. "Llegan sanos pero rápidamente enferman y lo lamentable es que más del 56 por ciento carece de cobertura de servicios de salud".

Según el estudio "Migración y Salud. Latinos en Estados Unidos", elaborado por la Secretaría de Salud, el Consejo Nacional de Población y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California en Berkeley, en Estados Unidos hay 12 millones de mexicanos, de los cuales, 6 millones 720 mil carecen de acceso a servicios básicos de salud.

BLANCA VALADEZ