8 de enero de 2013 / 03:09 p.m.

Año con año la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por su sigla en inglés) realiza modificaciones a su lista de métodos y sustancias prohibidas, con lo cual ha hecho que los deportistas de élite, médicos y demás personas involucradas en el deporte profesional opten por alternativas más sofisticadas, nuevas e indetectables hasta el momento, como es el caso del dopaje genético.

Esta novedosa técnica consiste en la introducción de genes en el cuerpo humano para mejorar su rendimiento físico, y nace como una extensión de terapias genéticas para tratar enfermedades programadas en el ADN.

De acuerdo con Benjamín Ruiz Loyola, profesor de la Facultad de Química de la UNAM, el gen ACTN3 puede insertarse en un individuo utilizando un virus con ADN modificado para incrementar los niveles proteínicos.

Este gen crea fibras musculares mediante la síntesis de una proteína llamada alfa-actinina 3, la cual interviene en los niveles de resistencia y velocidad de un individuo, permitiéndole ejecutar actividades que demanden un gran esfuerzo físico, como es el caso de los atletas de alto rendimiento.

EL PROCESORuiz Loyola explicó que antes de poder someterse a un dopaje de este tipo, el deportista de élite debe realizarse pruebas médicas que muestren si su material genético presenta un genotipo RR (mayor resistencia muscular), XX (mayor velocidad muscular) o RX (ambas capacidades) y con ello fijar cuál es la propiedad muscular que ha de modificarse.

Ya que se sabe qué es lo que ha de alterarse, el proceso para efectuar un dopaje de este tipo es el siguiente: "“Primero se aísla el tipo de gen que se desea introducir al atleta, mismo que puede ser tomado del propio deportista en cuestión. Ya que se tiene el gen, se toma un virus inocuo al que se le cambia su material genético por el que ha sido aislado”", detalló el especialista.

Después, ya fabricado este virus, se inyecta en el cuerpo del atleta, pero directamente en las células donde se tiene que manifestar —en este caso las del tejido muscular— con el propósito "“de que comience a expresar las instrucciones biológicas prestablecidas artificialmente”", abundó el químico de la UNAM.

Ruiz Loyola acotó que actualmente el costo de un dopaje genético es muy elevado debido a la complejidad del procedimiento al que debe someterse el deportista. Pero a pesar de los beneficios a posteriori que puede obtener un atleta profesional, el experto dejó claro que el peligro por exponerse a esta técnica de dopaje también es muy alto, pues aún se desconocen los efectos negativos que pueda tener.

La alteración del gen ACTN3 no es la única opción en este sistema moderno de dopaje. La introducción del gen que promueve la producción de eritropoyetina, conocido como EPO, también es una opción viable para los deportistas de élite ya que, por medio del mismo procedimiento descrito anteriormente, se puede lograr que la producción de sangre y oxigenación sean mayores, lo cual beneficia la resistencia de un atleta de alto rendimiento.

— REDACCIÓN