9 de marzo de 2014 / 10:33 p.m.

La presidenta brasileña Dilma Rousseff repudió el domingo recientes manifestaciones de racismo en el fútbol local que afectaron a un jugador y un árbitro, y consideró inadmisible que un país con una población negra como la de Brasil tenga que convivir con esos actos.

"El fútbol brasileño fue manchado por escenas de racismo contra el árbitro Marcio Chagas da Silva y el jugador Arouca", del Santos, escribió Rousseff en su cuenta de Twitter. "Marcio y Arouca tienen toda mi solidaridad, así como la de todos los brasileños".

El jueves, el jugador Arouca, de raza negra, fue insultado con gritos de "mono" durante un partido en que su equipo, Santos, enfrentó al Mogi Mirim por el campeonato de Sao Paulo. La federación de futbol de ese estado sancionó al estadio del Mogi Mirim, donde ocurrieron los hechos, impidiendo que se realicen nuevos partidos en el escenario por el resto del torneo estatal.

La semana pasada, el árbitro Chagas da Silva denunció haber sido agredido con ofensas racistas en la ciudad de Bento Goncalves en un duelo entre los equipos Esportivo y Veranópolis por el campeonato del estado de Rio Grande do Sul.

Según el juez, también negro, al final del partido encontró su carro golpeado, rayado y con cáscaras de banano tiradas encima.

"Es inadmisible que Brasil, con la mayor población negra fuera de África, conviva con escenas de racismo", agregó Rousseff, quien renovó sus votos para que el Mundial de 2014 en el país suramericano sea un torneo por la paz y contra el racismo.

Cerca de 50% de los 204 millones de habitantes de Brasil se identifica como negro o "pardo", que indica que es de piel oscura.

En febrero, el futbolista brasileño Tinga, del Cruzeiro, sufrió ofensas racistas cuando su equipo disputó un partido en Perú contra el Real Garcilaso por la Copa Libertadores de América, lo que también generó muestras de indignación de la presidenta Rousseff.

AP