HÉCTOR GONZÁLEZ
31 de agosto de 2013 / 08:59 p.m.

Ciudad de México • Carlos Amorales (artista plástico):

Hay dos factores que se entrecruzan en la historia reciente: por un lado están los enormes cambios que hubo en el sistema del mundo del arte durante los últimos doce años, donde las reglas económicas y los modos culturales cambiaron por efecto de la globalización, resultando en el debilitamiento de las instituciones estatales y en el empoderamiento de las instituciones privadas. Por el otro está el regreso a escena de un partido que fue justamente el que estableció el sistema político anterior, que caducó durante los años que estuvo ausente.

Mi opinión sobre la gestión del nuevo gobierno es que para ejercer con efectividad en el ámbito cultural, necesita entender que las reglas han cambiado y adaptarse al tiempo presente. Al nuevo gobierno le hace falta asumir que en la actualidad los creadores ya no somos dependientes del gobierno como lo fueron otras generaciones, antes del año 2000, que el gobierno fue desplazado por el mercado y por las instituciones extranjeras. A mí me consta esta situación de falta de importancia del Estado porque, por ejemplo, en todo el sexenio pasado no tuve trato alguno con las altas autoridades del Fonca y del Conaculta.

 

Creo que el Estado mexicano tiene la obligación de formar colecciones de arte moderno y contemporáneo que sirvan como contrapeso cultural a la expansión del libre mercado internacional. No entender esto significa que no habrá cuerpos de obra significativos de los artistas mexicanos en las colecciones estatales, lo que a la larga perjudicará a los ciudadanos de este país. En relación a todo lo anterior, tengo la impresión de que el gobierno ha sido muy lento en comprender su rol con efectividad.

 

Sabina Berman (dramaturga):

¿Cómo opinar sobre un proyecto para la cultura que nadie conoce? A nueve meses de iniciado el mandato del Presidente Peña Nieto, no se ha anunciado un proyecto nacional para el sector. Un proyecto: dos o cuatro metas definidas y articuladas entre sí, y los métodos para alcanzarlas.

 

Se han anunciado algunos programas. Algunas intenciones dispersas. Se ha cambiado el énfasis a la ópera. Se terminan las obras de infraestructura de la administración de Consuelo Sáizar, sin entusiasmo y con crítica al dispendio y a posibles desviaciones de dineros. Se modifica el Fonca. Los jefes de cultura del país se reúnen. Se habla, se declara, se fotografía, se distribuyen recursos, se estrena, se mandan al extranjero a éstos y a aquéllas señores y señoras: algo se mueve, sin duda. Pero de un proyecto que dé un sentido total a la actividad, nadie ha dicho nada.

 

Esperemos que pronto se anuncie un proyecto nacional para la cultura.

Alberto Castro Leñero (artista plástico):

No ha habido una definición en materia de política cultural. Me gustaría ver una posición más clara y propositiva. No existe una línea que implique a la cultura como una actividad que requiere de continuidad y respeto a la tradición.

 

En el área de las artes plásticas pienso que no ha habido una iniciativa que impacte con la realidad de los creadores. Sigue la actitud de permanecer en la inercia de siempre. Me gustaría que se abrieran las posibilidades para la creatividad de la gente, se necesita trabajar en la difusión e interacción con los ciudadanos. No se trata de difundir por difundir, sino de que se trabaje en la riqueza humana que fortalezca el tejido social. Considero que esto es lo más urgente.

 

Horacio Franco (músico):

Es muy pronto para mí, opinar objetivamente sobre la gestión del Presidente Peña en cuestión de cultura. Apenas han transcurrido nueve meses. Sin embargo, el nombramiento de Rafael Tovar y de Teresa al frente de Conaculta, hace que la institución tenga una dirección certera y políticamente viable: Tovar es una suerte de periscopio con una vasta cultura, grandes conocimientos y experiencias pasadas que supo aquilatar, que le dan enorme experiencia, y que con ella ha reconocido recientemente las necesidades culturales del país, muy diferentes a las de otros sexenios. Ha sido claramente cauteloso, tanto por las deudas que heredó del sexenio anterior (de lo cual muchos somos afectados), como por el obvio reconocimiento del terreno que ahora vuelve a pisar después de dos gobiernos panistas donde lo más importante pareció haber sido dejar infraestructura y tener “contentos” a los artistas y creadores para evitar cualquier escándalo que pudiéramos hacer.

 

Le auguro a Tovar una brillante gestión siempre y cuando obtenga el apoyo moral, económico y político que le debe dar el gobierno de Peña Nieto, si es que en verdad enarbola la bandera de la cultura como la más viable para hacer avanzar a este país, y que esté interesado en incluir a las artes y a la cultura dentro del Plan Nacional de Desarrollo.

 

Gabriel Macotela (artista plástico):

La problemática del país es compleja. Para empezar, no creo en Peña Nieto como Presidente. Seguimos viendo la corrupción y es algo que se expande a todos los ámbitos. La cultura, como la educación, están en una situación angustiante porque se hallan en medio de la incompetencia de los partidos políticos y del gobierno en general. Para mí, la crisis educativa se relaciona con la cultura y a su vez con la violencia que padecemos. ¿Qué opciones educativas y culturales les estamos dando a los ninis y a los jóvenes que no entran a las universidades? Perdón, pero no encuentro éxito alguno en este gobierno.

 

Luis Mario Moncada (dramaturgo):

Ante todo, creo que el primer año ha sido más de intenciones que de hechos; desde las primeras declaraciones de Rafael Tovar y de Teresa se habló de tres ejes principales: la cultura como estrategia para restablecer el tejido social, fortalecimiento de las industrias culturales y uso de instrumentos tecnológicos para propagar la cultura. Hasta ahora no se ha pasado de las palabras a los hechos; se anunció un programa de créditos para industrias culturales que ha sido justamente cuestionado por su dudoso beneficio y alcance limitado; fuera de eso no se percibe otro cambio sustancial. Es cierto que aún no se ha dado a conocer el Plan Nnacional de Cultura (ya se están tardando) y por lo mismo resulta difícil hacer un análisis serio, pero la percepción es de absoluto continuismo. Yo veo que hay una mera aplicación técnica de los programas, porque hasta ahora no hay nadie, empezando por el propio Tovar, que articule discurso, que encamine las acciones del sector a un cambio de paradigma o a una verdadera operación que cobije y dé sentido a una sociedad tan golpeada y desesperanzada como la nuestra. Al único funcionario que he visto dar ese enfoque a su programa es a Jorge Volpi, del FIC. Si de veras se quiere hablar de integración cultural y social, yo anunciaría la ampliación de la cobertura gratuita de Internet; es una vergüenza el rezago que existe en esa materia, último lugar de la OCDE en acceso a Internet; poblaciones incomunicadas, ampliación de la brecha del conocimiento. Con esa acción se atacarían de manera decisiva dos de los puntos enunciados al principio de la administración, ¿Qué mayor bien cultural se puede ofrecer a la población que abrir una ventana al mundo?

 

Eugenio Polgovsky (cineasta):

La palabra cultura es como un ente invisible que siempre está en espera de despertar, de salir de su espera de sexenios tras bambalinas para dar una gran función que nunca llega.

La sección llamada política cultural del gobierno actual ha sido de las últimas en cuanto a sus nombramientos, y en presentar y arrancar su proyecto, por lo que es difícil dar ahora un juicio sobre sus acciones, cuando justo, supongo, comenzarán a mostrarse. Lo que creo que espera no solo la comunidad cultural sino la población en general, son explicaciones por lo que fue a todas luces (y estelas) un derroche y abuso discrecional de recursos públicos en la anterior administración cultural, con multimillonarias obras hoy incompletas y asombrosos proyectos costosísimos a cargo del erario. Creo que una forma honesta de llegar para la nueva administración de cultura es dejar todo esto transparente. Ese dinero es público, podría ser haber sido usado contra el hambre o la grave pobreza que azota el país.

 

David Psalmon (dramaturgo):

Por ahora tengo más dudas que certezas. Según tengo entendido, el presupuesto anual del Conaculta es de 15 mil millones de pesos y el presupuesto etiquetado por la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputado es de 4 mil millones de pesos, es decir los diputados administran un porcentaje altísimo. Me parece que eso es algo que urge modificar. Abogo al sentido común del Presidente para que ese presupuesto sea administrado por la instancia creada para ello.

 

Me parece preocupante que la Coordinación Nacional de Teatro reciba cada vez menos dinero. Hoy, producir para las compañías independientes se está convirtiendo en un viacrucis, aun con Efiteatro. No sé si está reducción tenga algo que ver con la presencia cada vez mayor de la Compañía Nacional de Teatro.

 

El tema del seguro social para artistas y creadores está paralizado, pese a la urgencia del asunto.

Desafortunadamente, la comunidad cultural se cansa y está más preocupada por comer que por algo que está en un plano secundario. Me preocupa el proyecto de país que se empieza a construir.

 

Paco Ignacio Taibo II (escritor):

Hasta ahora ha sido una gestión invisible. No ha habido tiempo para que definan una estrategia pero tampoco tienen prisa por trazar el rumbo de la política cultural del gobierno. Supongo que es así porque no tenían ideas; recibieron cientos de propuestas por parte de grupos más o menos arribistas pero no diseñaron una estrategia, pese a que el trabajo es mucho. El cine está urgido de apoyos racionales, la relación del gobierno federal con los estados, se necesita revisar la ley del libro. Desafortunadamente, presiento que así seguirán y trabajarán sobre la lógica de la inercia.

 

Juan Villoro (escritor):

Es difícil evaluar al gobierno actual. Parece que el gobierno anterior hizo algo muy extraño, que es el sobre ejercicio de recursos. Durante su último año se gastaron todo el dinero que les correspondía e incluso más. No fue algo accidental, sino totalmente premeditado. Uno de los muchos desastres del gobierno de Felipe Calderón, consistió en utilizar los recursos públicos como parte de su difusión personal. Los gastos en comunicación social de presidencia fueron más altos que todos los gastos juntos de televisión educativa y cultura a nivel nacional, lo que se traduce en que la administración cultural no tiene dinero.

 

Creo que será hasta el próximo año cuando veamos qué pueden hacer. Se necesitan crear públicos que a la larga fomenten a los artistas. La solución no es dar becas, sino crear educativamente públicos que necesitan a los artistas y a largo plazo los defiendan.

 

Por lo pronto, a mí me sorprende que no se hagan auditorías más precisas.