12 de abril de 2013 / 01:17 p.m.

Miles de indonesios que sufren enfermedades mentales viven encadenados en psiquiátricos ruinosos en los que carecen de cuidados médicos y tampoco se les diagnóstica una dolencia psíquica específica.

En el manicomio de Yayasan Galuh, ubicado en el extrarradio de la localidad javanesa de Bekasi y en el que subsisten hacinados 250 pacientes, se aprecia la deplorable situación del sistema nacional de atención psiquiátrica y el lamentable trato que éste dispensa a más de 20.000 enfermos.

Cerca de la mitad de las personas internadas en este sanatorio están confinadas en un recinto enrejado y encadenados a columnas, un método que denominan "pasung" en indonesio. Los enfermos duermen, comen y defecan, todo en un espacio que mide un metro cuadrado.

Este manicomio, que carece de paredes de piedra y tiene un tejado pequeño, se anega cuando llueve, un fenómeno que algunos agradecen, pues contribuye a reducir el olor pestilente que se percibe y es aprovechado por ciertos internos para asearse o lavar sus ropas.

Yayasan Galuh funciona al filo de la legalidad, pero, según las autoridades, el Estado no tiene mejor alternativa ante la falta de medios económicos y materiales, y por eso permite el "pasung".

En Indonesia, entorno a un millón de personas padecen dolencias mentales graves y a más de la mitad de ellas nunca se las ha examinado para hacerles un diagnóstico.

Muchos de los pacientes de Yayasan Galuh pasan sus días desnudos, sucios y entre moscas, no reciben una medicación específica y su tratamiento es el común en el centro: masajes, rezos, pócimas hechas con hierbas y extrañas curas con serpientes vivas.

""No tenemos suficiente dinero, el subsidio gubernamental solo alcanza para el 30 por ciento de los gastos, el resto lo obtenemos, con suerte, de donaciones privadas"", indica a Efe Nina, una de las responsables del sanatorio.

A la hora de describir la enfermedad que aqueja al interno, el personal, que carece de formación médica, explica que unos sufren "fuertes emociones" y otros son "agresivos", pero sin concretar una patología.

Yayasan Galuh no es la excepción en Indonesia, donde menos del 4 por ciento del presupuesto sanitario se destina al tratamiento y la atención de las personas con enfermedades mentales.

""No sé qué enfermedad tengo, a veces soy muy agresivo y no puedo controlarme, por eso mi hermano y mi mujer me trajeron a Yayasan Galuh hace tres meses"", explica a Efe Jumtulirman Soear, un hombre de 48 años de la isla de Sumatra, mientras mueve ligeramente con una de sus manos la cadena que ata su tobillo a una columna.

La mayoría de los pacientes ingresan en el centro de la mano de sus parientes. ""Las familias quieren cuidarlos pero es su entorno cercano el que les fuerza a deshacerse del enfermo"", explica Subandi, gerente del psiquiátrico.

Y es ese eslabón de la cadena, la comunidad, el que los expertos creen que debe experimentar el mayor cambio.

""Muchos indonesios tienen la percepción de que llevar a sus parientes enfermos al psiquiatra supone un estigma para la familia y afectará a su trabajo, a su forma de relacionarse e incluso a la hora de casarse"", reconoce a Efe la diputada y psiquiatra Nova Riyanti.

Presidenta de la comisión encargada de elaborar la nueva ley sanitaria, Riyanti admite que el "pasung" es una ""violación de los derechos humanos"" motivada, en parte, ""por la falta de regulaciones concretas y por la escasez de centros de salud mental"".

En Indonesia, un archipiélago con unas 17.000 islas y unos 240 millones de habitantes, solo ejercen 600 psiquiatras, una falta de profesionales que, unida ""a la cultura de negación de la enfermedades mentales, lleva a muchas familias a buscar tratamientos alternativos como exorcismos, 'pasung' o pociones para combatir la magia negra"", apunta la especialista.

Riyanti aspira a terminar "pronto" con el "pasung", en cuanto se apruebe la nueva ley que obligará a los sanatorios como Yayasan Galuh a cumplir estándares internacionales, aunque concede que para despertar las conciencias de todo el país sobre estas dolencias serán necesarios muchos años.

EFE