19 de enero de 2013 / 04:14 p.m.

México  Esteban Utrera Lucho, uno de los intérpretes de son jarocho más importantes de México, falleció el 24 de octubre pasado a sus 98 años de edad. Para su hijo Camerino, el mayor legado que su padre le dejó a la música es plasmar los sonidos jaraneros campesinos —y no “marisqueros”, como ahora hacen los grupos jóvenes— en la música tradicional.

“Esteban fue un pilar de la jarana porque en la comunidad de El Hato hace 25 o 30 años solo eran músicos sus hermanos y él”, dice el también director del grupo El Son del Hato.

En una breve entrevista con MILENIO, Camerino dice que es un orgullo ser hijo de un hombre como Esteban, quien no solo dejó un legado a la música jarocha sino que a él le enseñó todo lo que sabía sin ser estricto. Asimismo, se alegra al saber que en el Encuentro de Son Jarocho, que se realizará del 25 al 27 de enero en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) en la Ciudad de México, también se le honrará.

Sobre el encuentro de son, su promotor, Eduardo Lizalde Farías, explica que esta actividad se la propuso al Cenart después de conocer que se había ganado una beca de coinversión que le dio el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) para realizar un proyecto artístico.

El encuentro, que se realizará en el Aula Magna José Vasconcelos y en la Plaza de las Artes del Cenart, estará dividido en dos partes: la académica y la recital. Entre los investigadores musicales que acudirán se encuentran Antonio García de León, Ishtar Cardona, Francisco Xavier Saucedo y Óscar Hernández.

Los conciertos comenzarán a partir del 26 de enero con agrupaciones como Son de Hato, de Camerino Utrera; Son de Madera, de Teodoro Herrera; Los retoños de Santa Rosa Loma Larga, de Eduardo y Pedro Lázaro, así como Los hermanos Baxin y Mono Blanco.

Para Lizalde, el son jarocho goza de salud: “El país tiene una deuda con las tradiciones culturales de la tierra, no solamente con este ritmo. El son jarocho tiene una sociedad, por detrás, que lo salvaguarda. Cuando la gente protege su patrimonio, éste sobrevive. El rescate de este ritmo se lo debemos a la ciudadanía, no al Estado; prueba de ello ha sido el trabajo de internacionalización que ha hecho Mono Blanco desde los años setenta”.

 — EMILIANO BALERINI CASAL