1 de agosto de 2013 / 01:17 p.m.

México• La escena del crimen era igual a muchas otras: había un arma, objetos sospechosos y hasta restos de una sustancia roja que parecía ser sangre; sin embargo, en esta ocasión, los investigadores asignados al caso andaban en tenis, sus voces eran agudas y tenían las manos manchadas de dulces y lodo. Así son los agentes secretos en el curso de verano que organiza Mad Science.

Con el objetivo de acercar a los niños a la ciencia dentro de la investigación policial y mostrarles cómo ser parte del combate a la delincuencia, la organización internacional abrió, este verano, su célebre Academia de Agentes Secretos.

Esta enseñanza para menores de ciencia forense básica existe desde 2001 en varios países. En México solo se impartía en instituciones privadas, pero esta vez la impartieron abierta al público durante tres semanas en el Museo Tecnológico de la CFE.

Justo en ese lugar, en un pequeño jardín, los niños comenzaron sus trabajos periciales frente a una escena de crimen hipotética: una mesa donde había un teléfono con polvo blanco encima parecido a la harina, una cuchara, un recipiente de cocina manchado de rojo, una peineta y un martillo.

LA INVESTIGACIÓN

“¿Alguien tiene una teoría de lo que pudo haber pasado?”, preguntó Daniel, el instructor, que esta vez se convirtió en el comandante a cargo de la investigación. Y así surgieron las hipótesis, que empezaron con las más simples.

“Es que vino un ratero y quería cocinar algo, primero un pastel y luego cambió por unas galletas, pero alguien lo vio y tuvo que huir y desordenó todo”, dijo José, uno de los agentes.

“Se querían robar un diamante que estaba escondido en el polvo, porque son ricos”, comentó Daniela.

“El sujeto estaba preparando un pastel cuando lo sorprendieron y quiso llamar por teléfono pero no alcanzó y tuvo que huir”, relató Milton después de tomar nota.

En tanto, otras líneas de investigación demostraban la experiencia de los agentes secretos.

“Yo creo que vino el sujeto y lo asesinaron con un cuchillo por la espalda y el asesino se llevó el cuerpo para no dejar evidencia”, relató con precisión el agente Leonardo.

“Lo que pasa es que había un hombre cocinando cuando un criminal pasó y mató al hombre con unas tijeras, el sujeto que estaba cocinando trató de llamar para pedir auxilio pero lo asesinaron”, relató la agente Andrea.

“Asesinaron a una persona aquí para obtener una recompensa”, complementó su colega, Regina.

El siguiente paso de los 30 pequeños agentes fue recolectar las evidencias: fotografías, huellas digitales, de zapatos y labios y una muestra de la sustancia roja.

Después, ya en grupo, verificaron su información: la mancha roja era mermelada de fresa; el polvo, harina, y en el teléfono se verificó que el número marcado era de una tienda de helados. También se combinaron moldes de ojos, nariz, cejas y boca para formar el perfil del sospechoso.

“¡Es ella, porque cuando llegamos pidió ir al baño y cuando volvió tenía las manos manchadas de blanco!”, alertó uno de los agentes en clara alusión al polvo encontrado en la escena. “¡Fue Daniel porque él traía los labios pintados cuando llegamos!”, añadió otro. “¡Culpables, culpables!”, gritó Mauricio, uno de los agentes más inquietos. A un costado de la reunión, los presuntos responsables se miraban uno a otro: estaban acorralados.

“¡Está bien, yo fui!”, confesó la directora de Operaciones de Mad Science México, Karina Orduña, ante tal interrogatorio colectivo. “Intenté hacer helado pero no me salió. ¡Ahora ustedes tendrán que hacerlo!”.

Las herramientas periciales de esta academia están basadas en las que utilizan corporaciones internacionales y de la Policía Federal de México para aplicarlas en situaciones delictivas inofensivas. Sin embargo, en estos ejercicios los niños reflejan el impacto del problema de inseguridad en el país.

“Hemos encontrado en los estados del norte que los niños, cuando les preguntamos qué quieren ser de grandes, nos dicen ‘narcotraficante’. Entonces, lo que podemos hacer es aportar un granito de arena para decirles que mejor trabajen de este lado y en lugar de ser narcos sean investigadores”, explicó Orduña.

“Aquí los niños se enfrentan a delitos como robo de helado, robo de pasteles y con eso los queremos alejar, aunque sea un poco, de la realidad del país”, abundó.

Por lo pronto, la academia concluyó en el Museo Tecnológico pero en septiembre volverá, cuando se abra el diplomado oficial para niños en su labor de agentes secretos.

ADRIANA FLORES