13 de mayo de 2013 / 11:54 p.m.

México • Decorada con escenas alusivas al sacrificio ritual de un personaje y un rito de cremación, Una vasija policroma de más de 900 años de antigüedad, fue entregada por profesor Luciano Sandoval, quien la tuvo en su domicilio por más de 20 años, al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Nayarit.

El arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz, investigador del Centro INAH-Nayarit, informó que por su manufactura e iconografía, el objeto cerámico pertenece al complejo cultural Aztatlán, complejo que tuvo su núcleo en el norte de Nayarit y sur de Sinaloa, que se desarrolló entre los años 850/900 y 1350 de nuestra era, en las fértiles tierras bajas aluviales del septentrión costero mesoamericano.

El arqueólogo especializado en la cultura de la costa noroccidental de Nayarit dijo que se trata de una olla policroma de cuerpo globular y cuello recto, trípode, con soportes de sonaja; mide 18 cm de altura 13 de ancho máximo, y está profusamente decorada dentro de la tradición pictórica conocida como estilo-códice. En términos generales, la vasija presenta un buen estado de conservación.

Las imágenes de la vasija muestran dos escenas principales, la primera destaca la representación del sacrificio ritual de un individuo por extracción de corazón y la segunda que deja ver un rito funerario de cremación, ambas vinculadas con miembros pertenecientes a segmentos de alto rango dentro de la sociedad Aztatlán.

En el segundo acto se muestra la imagen de Mictlantecuhtli, deidad regente del inframundo, acompañado de dos personajes —probablemente sacerdotes— que portan máscaras bucales en forma de mandíbulas descarnadas, que están a punto de encender la pira funeraria.

En estas escenas se observan un total de 24 personajes que abarcan prácticamente toda la superficie externa de la vasija, incluyendo su base.

Al respecto el arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz, señaló que a partir del testimonio de la persona que sustrajo la pieza se supo que en su interior encontró cenizas, huesos triturados y dientes, lo que sugiere que la vasija podría haber cumplido una función análoga a la de los relicarios, conteniendo los restos de algún ancestro deificado o probablemente vinculado con algún linaje importante.

Según datos arqueológicos esta costumbre funeraria estaba reservada únicamente para la élite, y su práctica formaba parte de un discurso ideológico de legitimación que emparentaba a los gobernantes con la deidad solar, la cual regía las festividades vinculadas con el ciclo agrícola.

Lo anterior resulta sumamente significativo si consideramos que los principales especialistas en el estudio de la emblemática cerámica tipo códice estilo Mixteca-Puebla, coinciden en señalar que ésta apareció en el Altiplano Central de México (Cholula) en el transcurso del Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.), e inclusive en una fecha posterior al año 1300, en la mixteca oaxaqueña.

REDACCIÓN.