14 de marzo de 2013 / 02:43 p.m.

El envejecimiento es un fenómeno complejo, común a todos los miembros de cualquier especie, que incluye mecanismos perjudiciales que afectan la capacidad para llevar a cabo diversas funciones. Sabemos que existe variabilidad porque los organismos de la misma especie envejecen a distintos ritmos, pero con certeza, este proceso es progresivo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 la población mayor de 60 años en el planeta se duplicará en proporción de la global, al pasar del 11 por ciento en el 2006 a 22 por ciento. El aumento mayor será en países con menor desarrollo y tendrá un impacto en la salud pública.

En nuestro territorio, se estima que para ese año, uno de cada cuatro mexicanos será mayor de 60 años, por lo que tener una buena salud será fundamental. La forma de envejecer, la salud y la capacidad funcional en esta etapa, dependerá no sólo de la estructura genética, sino también de lo que se ha hecho, dónde y cómo se ha vivido.

Un aspecto indispensable, que no se integra frecuentemente en los programas respectivos, es el sueño. No obstante, sin uno saludable no se obtendrá una salud integral, aseguraron académicos y estudiantes de posgrado de las facultades de Medicina y Psicología, así como del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición Salvador Zubirán.

Las académicas universitarias Montserrat Reséndiz, Victoria Santiago, Alejandra Castaño, Rosa María Campos y Matilde Valencia Flores, explicaron que de acuerdo con diversos estudios en humanos y animales, el sueño tiene un papel importante en la función inmunológica, en el metabolismo, la memoria, el estado de ánimo y el aprendizaje.

Si no se obtiene uno suficiente y existe privación, el efecto inmediato será la presencia de somnolencia diurna, lo que dificultará la realización de actividades cotidianas eficientemente, debido a que no se centrará la atención de manera adecuada.

Algunos de los efectos a largo plazo de la privación del sueño, es que puede ser uno de los factores que, junto con comer en exceso o una dieta no balanceada, la falta de ejercicio y la predisposición genética, entre otros, pueden contribuir al aumento del riesgo de enfermedades metabólicas, como sobrepeso, obesidad, diabetes mellitus tipo 2, así como infecciones y enfermedades cardiovasculares, subrayaron las especialistas, con motivo del Día Mundial del Sueño, que se conmemora este 15 de marzo.

Académicas y estudiantes refirieron que este descanso cambia a lo largo de la vida, desafortunadamente muchos adultos mayores creen que una pobre calidad del mismo es parte normal del envejecimiento, pero no debe ser así. En este sector no debe descuidarse ese aspecto, pues las causas que subyacen podrían ser un factor de riesgo para otras complicaciones en la salud.

La necesidad de dormir cambia con la edad y, de la misma manera, aumentan los problemas. Los trastornos y la dificultad para hacerlo se encuentran entre los más comunes y son de los problemas del envejecimiento más pobremente tratados.

Este proceso normal se acompaña de cambios en el patrón, que pueden dar lugar a somnolencia diurna, con siestas involuntarias, dificultad para dormir, despertar muy temprano o interrupciones frecuentes. Se considera que esto se debe, en parte, a la disminución en la amplitud del ciclo circadiano del sueño y a cambios hormonales.

El núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo es la estructura más importante y determinante del reloj biológico interno, que regula el ritmo durante un periodo de 24 horas, y responde a cambios de luz y oscuridad. Cualquier alteración puede dar como resultado fragmentación, que probablemente provoque fatiga, alteraciones cognitivas y cambios físicos.

Trastornos del sueño en el adulto mayor

Los especialistas refirieron que de los 82 diferentes trastornos del sueño de la clasificación internacional, los más comunes en los mayores son: insomnio, trastorno del dormir del ritmo circadiano (tipo de avance de la fase de sueño), trastornos respiratorios, Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) y Trastorno del Movimiento Periódico de las Extremidades (TMPE).

El insomnio es el más frecuente en los adultos mayores; se define como la dificultad recurrente para iniciar el sueño, mantenerlo, o para obtener una calidad adecuada del mismo, lo cual ocurre a pesar de tener la oportunidad, el tiempo y condición adecuada para dormir, y da como resultado alguna forma de alteración diurna.

Puede ser transitorio con una duración de unos días o semanas, pero, por lo general, en el sector poblacional referido es crónico. La prevalencia en la población general se estima entre 10 a 20 por ciento, mientras que en aquél parece ser más alta, algunos estudios reportan un 40 por ciento.

Además, los adultos mayores con alguna enfermedad crónica y depresión tienen mayor riesgo de padecerlo. Una de las razones es que el proceso cambia con la edad. Debido a que este segmento pasa menos tiempo en la etapa más profunda, y mayor tiempo en la fase más ligera, es probable que se despierten, por ejemplo, con el ruido ambiental.

Por su parte, refirieron, el trastorno del ritmo circadiano es de los más comunes. El de periodo adelantado se caracteriza por una tendencia persistente a quedarse dormido y despertar más temprano de lo deseado, o de lo que es socialmente aceptado (por ejemplo, iniciar el sueño a las 6:00 pm, y despertar a las 3:00 am).

El tratamiento de elección para éste es la terapia de luz brillante administrada por la tarde-noche, lo que inhibe temporalmente la liberación de melatonina. Una vez que la exposición cesa, esta última se libera e inicia el sueño.

Trastornos respiratorios durante el sueño

Los adultos mayores también sufren de otros trastornos que alteran los patrones normales y la calidad de vida. Estos afectan aproximadamente al 25 por ciento. Abarcan la Apnea Obstructiva del Sueño (AOS), el Síndrome de Aumento en la Resistencia de la Vía Respiratoria Superior, y Apnea Central del Sueño (ACS).

Los pacientes con AOS tienen episodios frecuentes y repetitivos de hipoxemia, con despertares frecuentes y privación. Los síntomas clínicos más frecuentes son ronquido, apneas observadas por el compañero de cama y somnolencia diurna excesiva.

Otra causa de la interrupción es el SPI. De acuerdo con la Fundación del Síndrome de Piernas Inquietas, esta condición afecta a más de 20 por ciento de los mayores de 80 años de edad.

Puede ser causado o precipitado por drogas o medicamentos, como los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina, el litio, bloqueadores de los canales de calcio o retiro de sedantes u opioides.

Acciones

Es importante dormir las horas necesarias nocturnas, acostarse y levantarse de la cama a la misma hora, evitar siestas; en casos específicos se puede permitir una después de comer, con una duración no mayor de 30 minutos, y evitar ver televisión, leer, estudiar o comer en la cama.

Si se dispone a dormir, evitar beber demasiados líquidos, y limitar su consumo por la tarde, sobre todo si la frecuencia urinaria es un problema; pasar tiempo al aire libre y disfrutar de la luz solar después de las 10 de la mañana; utilizar protector solar; realizar ejercicio en la medida de sus posibilidades, pero no cerca a la hora de ir a la cama.

Asimismo, se deben considerar los posibles efectos secundarios de ciertos medicamentos, pues los estimulantes a la hora de acostarse, y los sedantes durante el día, pueden afectar de forma desfavorable.

Redacción