6 de agosto de 2013 / 03:06 p.m.

Monterrey • Una novela que tiene como protagonista a un profesional de las palabras es la que presenta Federico Traeger, quien se halló al personaje de pronto entre un oficio que no tiene límites al trabajar para otros. Así se menciona en las primeras páginas del libro: “Redactor fantasma de aquello que paga el oficio; anuncios publicitarios, identidades corporativas, letras de corridos, jaculatorias, discursos, reglamentos, ensayos, galletas de la fortuna, horóscopos, tarjetas de felicitaciones, de pésame…”, y que luego de que es contratado por Martha Marmolejo empieza a escribir un libro motivacional por encargo, del que se derivan además de juegos de palabras, los de la seducción y el erotismo.

En Haz el amor y no la cama (Alfaguara, 2013), el escritor nacido en la Ciudad de México se mete en los terrenos del amor, de los discursos y de los verbos y metáforas que nunca deben faltar en un mundo al que no le faltan palabras, tantas como las que el protagonista le vende a sus clientes, o como la que atrapan hasta el can que lo acompaña, Orloff. De esta obra nos platica el también autor de obras como Amores adúlteros y Lo que no mata enamora.

¿Se puede vivir de las palabras como el protagonista, Iván?

Sí. Iván es un personaje que vive de la palabra. Detrás de la palabra se dedica a que otras personas se luzcan, escribe todo lo que se le presente. Es un escritor fantasma que se encuentra con una autora famosa de libros motivacionales, y que ella tiene una fecha de entrega para un libro. Se conocen en un avión y pues ella lo contrata, y debido a las citas de juegos de palabras que él hace, y que abundan en toda la novela, a ella le agrada. Ella es como una vampiresa que quiere chuparle la creatividad.

Pero por otro lado, además de la palabra, hay pausas, silencios, algo que los hace como no tener que decir, y luego entran a la intimidad, lo pasional, mezclan ya tintas con fluidos distintos. Empiezan a salirse de su entorno, y ella luego de ser una mujer exitosa, se hace vulnerable, y no sabe ya lo que siente. Él se siente un poco inseguro, y hasta le empieza a importar que le corrijan sus textos. Lo que antes no le pasaba.

Es además un libro que maneja la alegría muy peculiar, la de las palabras, pero también está el humor, ¿cómo se complementaron en tu novela con los otros temas?

El humor es mi intención. A mí me gusta escribir con el mayor acierto posible lo que describo. En la vida diaria hay una buena dosis de humor, porque estamos expuestos a lo inesperado. No estamos tan en control como creemos, y eso aunque es trágico a la vez es cómico. La vida es un gran juego en el que a veces no sabemos hacia dónde vamos, y prefiero jugar con eso.

¿Tú también, como Iván, has vendido tus palabras?

Sí, yo vivo de vender mis palabras en gran medida. He sido publicista, he vivido de ellas. En la publicidad he aprendido a manejar el lenguaje, con frases breves que comuniquen mucho. Esas frases que te inviten a tomar acción en algo, que te vendan algo. También he escrito para contenidos de TV, que también incluye escribir palabras, y sí me identifico mucho con él en el aspecto de que no llevas el crédito si la frase se hace famosa, porque lo hiciste bajo un sueldo.

¿Cómo es que se da el juego de seducción a partir de alguien que además lo hace con las palabras?

El erotismo en gran medida es como un juego de seducción y de control. Y así como existe la página en blanco existe la sábana en blanco, y ahí hay mucha creatividad, expresividad que se lleva a cabo, que a veces se convierte en poesía. La manera que a mí me gusta describir esas escenas es como verlo a través de la luz con palabras que no están describiendo, sino que te sugieren lo que está ocurriendo. A través de metáforas construyes un acto sexual, eso es como juego literario muy atractivo, que también se puede leer en esta obra, donde se ve a un amante perdido en un mundo de palabras y de juegos sexuales.

Hay además un perro que narra, entre otros personajes.

Hay otros personajes como la envidia, los celos, el poder, los juegos de poder; aparece también un viejo amigo, un ruso. Está el amor, y el amor leal, verdadero, que es el del perro. Hay un juego de control muy interesante. Hay un perro pastor caucásico, que es su cuidador y va pensando, y advirtiendo cosas de Iván. Orloff es un narrador.

Esto me nació de al sentir que los perros dicen todo con la mirada: quiero comer, quiero pasear, me duele algo. En ese sentido pensé que si los perros podrían construir frases serían muy cortas, que se repiten casi como para darse fuerza para sí mismos. Son palabras que se guían con el instinto, pues la misión de Orloff es proteger a su amo, y en la novela el instinto del perro es importante, porque el instinto de su amo están perdido y no se da cuenta de que está corriendo peligro, porque el esposo de Martha lo está acechando. Y Orloff hace algo muy propio: se caga en su territorio, le declara la guerra, en un pleito a muerte.

ISRAEL MORALES