17 de febrero de 2013 / 04:05 p.m.

México  • A casi un semestre de haberse inaugurado la Escuela del Mariachi Ollin Yoliztli en Garibaldi, Dulce Jeniffer Tinoco Alvarado realiza su examen final de trompeta en uno de los salonesde la institución. Tímida ante las grabadoras, no es la primera vez que la entrevistan, pero al parecer le sigue dando vergüenza hablar en público.

De Mexicali, Baja California, a sus 28 años ya estudió la carrera de Diseño Gráfico. Su familia es de Guadalajara, y aunque ninguno de sus integrantes se dedicó a la música profesionalmente, le heredaron el gusto por ella. Sus primos lejanos viven en Estados Unidos, y alguno es mariachi.

Decidió tocar trompeta porque es el instrumento que más le gusta: “Puedo aprender a usar otro instrumento, puedo tocarlo, pero no me electriza como cuando toco la trompeta o escucho a Wynton Marsalis. Con la trompeta siento algo en el pecho, en el oído, siento que algo me llena espiritualmente”, dice.

Dulce vive a la vuelta de la escuela, en la Plaza Garibaldi. Todos los días se levanta, acude a sus clases normales y se dedica a practicar de tres a cinco horas con el mismo instrumento. Su meta es aprender lo más que pueda hasta encontrar su propio sonido.

Entró a la escuela porque antes de venir a vivir a la Ciudad de México quería saber de algún lugar dónde poder profesionalizarse. En esa época era parte de un mariachi de mujeres en Mexicali, en el que no pudo quedarse porque no tenía buen sonido y no podía aprenderse el repertorio. Eninternet encontró la Escuela de Música Mexicana —la cual, curiosamente, se hallaba en el mismo lugar que la Escuela del Mariachi—, y se inscribió un semestre pero la dieron de baja por faltas.

Durante un tiempo tomó clases con un profesor en la Plaza Garibaldi. Después pasó frente al mismo edificio donde había estudiado en la Escuela de Música Mexicana y se enteró que abriría una institución académica dedicada a la formación del mariachi. No lo pensó dos veces y se inscribió.

Para Dulce es importante que México tenga una escuela como ésta, porque no solamente ayudará a las nuevas generaciones de jóvenes que quieran aprender sobre este género y a que se instruyan, sino, permitirá que los músicos que ya trabajan en una agrupación se sigan profesionalizando y conozcan lo que hacen y tocan.

Víctor Hugo Guadalupe es otro de los alumnos que decidió ingresar a la escuela. A sus 32 años estudia en esta institución porque quiere dejar de ser un músico de oído, para aprender a leer partituras y poder ayudar a su gremio a mejorar.

Aunque Víctor trabaja en el Mariachi Acevedo, que se presenta en el restaurante La Polar todos los miércoles, no sabía distinguir entre una nota y la otra: “Sabía sacar las letras de oído. Pongo un disco y sigo la música, pero no sabía qué nota era, ni qué tonalidad tenían. Eso es lo que he aprendido aquí”.

Sentado en una de las bancas de la escuela, recuerda que quiso ser mariachi a raíz de que uno de sus tíos le enseñó a tocar el guitarrón, el cual define como instrumento clave para entender este género: “El guitarrón es la base, la vida del mariachi, porque cuando logras tocarlo te das cuenta de la cadencia que tiene esta música, el ritmo de cada letra”.

La escuela abrió sus puertas oficialmente el 15 de octubre pasado. Ingresaron 115 alumnos. En los primeros meses se dieron de baja entre seis y siete, por diferentes problemas. La inscripción cuesta dos mil 500 pesos. Actualmente tiene el grado de técnico-profesional, dice Leticia Soto, directora del lugar.

“Hasta el momento estamos tratando de acreditar el grado académico de técnico-profesional a nivel superior, con la especialidad de violín, trompeta, guitarrón, vihuela y guitarra; el siguiente paso es el de técnico superior universitario, en el cual se estudian dos años más. Al terminar estos estudios ya se puede iniciar la licenciatura. Nosotros lo que estamos buscando es que la Secretaría de Educación Pública nos acredite para crear una licenciatura”, comenta.

La selección de la planta docente se basó en la práctica diaria que tienen los maestros con la música, los conocimientos sobre la técnica del instrumento que emplean y su trayectoria como profesores: “Los tres profesores de violín estudiaron en las escuelas de música del país, son profesionales en la materia”, menciona.

EMILIANO BALERINI CASAL