GUSTAVO MENDOZA LEMUS
30 de agosto de 2013 / 03:50 p.m.

 

Monterrey • Alejando Hernández, periodista y escritor, conoce bien la situación de contrastes que viven los migrantes centroamericanos al pasar por México en búsqueda del sueño americano.

 

En Amarás a Dios sobre todas las cosas, Hernández busca crear en el lector el sentimiento de apoyo y solidaridad que viven los migrantes en el país así como su sufrimiento al ser extorsionados, golpeados y secuestrados durante el trayecto.

 

Alejandro Hernández trabajó como el redactor del primer informe presentado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en torno al secuestro de migrantes del país.

 

Tomando el título de tu texto, ¿es quizás Dios la única forma que tienen los migrantes para salir bien librados de su paso por México?

 

Es un trayecto de tales dimensiones y donde viven toda clase de adversidades que solamente una sentencia bíblica como de este tamaño podría paliar este camino.

 

Una parte es por la extensión, en sí mismo, del trayecto sino porque en este camino hay mucha maldad humana y mucha bondad humana, es como un microcosmos donde se dan los extremos de la condición humana.

 

Al trabajar en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con respecto al secuestro de migrantes, ¿cómo fue escribir este texto novelado más allá del tecnicismo de redactar un informe?

 

Los reportes informan en cambio la narrativa ofrece la posibilidad no sólo de hacer saber sino de hacer sentir, ver, oír incluso oler el trayecto de los migrantes. Creo que la gente sabe lo que les ocurre a los transmigrantes centroamericanos en su paso por México, pero yo lo que pretendía era que también lo sintiera, que lo viera; que no sólo supiera ‘sí, le pasa esto a tantos migrantes por año y en tales lugares’, sino que en cada etapa de este camino el lector vaya con los protagonistas y vaya sintiendo la esperanza, la desilusión, la impotencia, la indignación, el sufrimiento; en fin, que compartan el paso migrante aunque suene algo pretensioso.

 

Si bien la travesía empieza en Chiapas, ¿cómo les va a los migrantes en el norte de México, en Saltillo, Tampico, Monterrey?

 

Ellos descansan un poco, pero no mucho, en alguna parte del centro del país; en el norte vuelve a recrudecerse mucho esta opresión que siente el migrante. Cuando anduvimos por el norte recuerdo que nos avisaron de unos migrantes que habían escapado de un secuestro en Tamaulipas y que estaban en una casa de migrantes en Reynosa, al platicar con ellos nos hicieron saber que afuera de la casa estaban rondando los secuestradores, incluso los propios migrantes los podían identificar. Entonces la tensión es muy alta.

 

¿En qué año empiezan a detectar ustedes la presencia del narcotráfico con el tema del secuestro a migrantes?

 

En el año 2000 empieza a crecer el flujo de migrantes de manera notoria, llegando a su punto más alto en 2005. En ese año el Instituto Nacional de Migración llegó a la cifra récord de 240 mil centroamericanos asegurados, esta cifra ha ido bajando a partir de ese año cuando el crimen organizado empezó a recrudecer los secuestros, esto porque las tarifas de los polleros empezaron a subir y eso atrajo la atención de los narcotraficantes; además del uso de los migrantes para el paso de la droga se empezó a secuestrarlos, a llevar a las mujeres a la trata de personas. Nosotros tenemos registrado el primer secuestro en enero de 2007.