8 de agosto de 2013 / 11:56 p.m.

México • Una ofrenda hallada en Chiapas con antigüedad de mil 500 años, prueba de que un alto personaje maya fue enterrado en el lugar del descubrimiento, es estudiada por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ante la ausencia del entierro principal en dicho espacio.

En el espacio funerario ubicado en la tumba del Templo XX de Palenque, se encontraron 200 piezas de piedra verde, jade, pirita y obsidiana, entre ellas 70 teselas que conformaron dos máscaras y una vajilla, pero según las suposiciones de los especialistas, los restos mortales fueron retirados en algún momento de la época prehispánica.

El arqueólogo Arnoldo González Cruz, quien encabeza la investigación, señaló que se han generado diversas incógnitas, pues a veces aparecen sólo segmentos corporales, extremidades inferiores, algunos dientes y pese a encontrar toda la ofrenda, no están los restos óseos de un individuo que haya sido depositado allí.

Detalló que se examinará la química de suelos y de la cerámica que formó parte de la ofrenda para determinar si hubo dos momentos en el entierro, en los que los restos mortales del personaje hayan sido exhumados y trasladados a otro lugar, una práctica conocida y documentada en varias urbes mesoamericanas.

González Cruz explicó que aunque existe la teoría de se trata de uno de los fundadores del linaje "Lakamha" o Lugar de las grandes aguas, antiguo nombre del sitio, todavía no se puede confirmar nada.

Lo que sí se tiene corroborado es que la antigüedad de los vestigios coincide con las proximidades de la fundación de la dinastía palencana, en el periodo Clásico Temprano, el cual abarca entre 350-550 d.C. Esta datación preliminar se sustentó mediante los análisis de la cerámica.

Dicho estudio estuvo a cargo de Joshua Balcells, quien indicó que la vajilla integrada por cuatro platos, seis cuencos y un pequeño cajete con vertedera, refiere a uno de los momentos más tempranos del Clásico de Palenque, relacionado directamente con la fundación del linaje.

Como parte de los estudios que se realizan, el restaurador Constantino Armendáriz arma los rostros de un par de máscaras, uno de estos mosaicos de piedra verde adornó la parte central de un cinturón, elemento con que eran ataviados personajes de alto rango.

También se encarga de ilustrar a escala los elementos que se encontraron dispersos en la tumba para que puedan interpretarse en conjunto, una vez terminado se podrá describir de forma más precisa la arquitectura creada y la transformación de los materiales para generar un espacio ritual.

Igualmente, se podrá determinar la técnica de manufactura, la secuencia técnico-pictórica, la iconografía plasmada y la ubicación de los artefactos ofrendados.

Por otro lado, los investigadores del INAH siguen explorando el Templo XX, en el que también se encuentra una pintura mural en la que aparecen los Nueve Señores del Inframundo, quienes custodiaron el cuerpo que alguna vez se depositó en ese espacio.

Las labores de conservación del mural incluyen difracción con rayos X, mediante los cuales se determinó que la base de la pintura es el cinabrio o sulfuro de mercurio y se llevarán a cabo análisis petrográficos de varios sillares deteriorados.

 — NOTIMEX