5 de junio de 2013 / 04:42 p.m.

México • Apenas han transcurrido 10 días desde su partida aquella fría madrugada de domingo, pero su presencia permanece, casi como una huella imborrable no solo entre quienes compartieron con José María Pérez Gay largas conversaciones, sino también entre aquellos que lo leyeron o que gracias a su permanente curiosidad y pasiones conocieron en español a autores como Thomas Mann, Franz Kafka, Robert Musil, Hermann Broch, Joseph Roth, Jürgen Habermas, Karl Kraus y Elías Canetti.

Escritor, traductor, diplomático, funcionario cultural. De a poco, cada una de esas facetas en la vida del autor de El imperio perdido se aparecieron en el homenaje que le rindió el Gobierno del Distrito Federal, a través de la Secretaría de Cultura, en el Museo de la Ciudad de México, donde se hicieron presentes políticos como Andrés Manuel López Obrador y Porfirio Muñoz Ledo, pero también escritores como Elena Poniatowska, Héctor Aguilar Camín, Luis Miguel Aguilar y Laura Esquivel.

Allí, por ejemplo, Héctor Aguilar Camín recordó el sentido del humor de José María Perez Gay, el cual venía de una veta profunda y genuina, “"una veta kantiana"”, aunque era mejor riendo que haciendo reír: su risa era una invitación irresistible a reírse con él.

“"Era mal contador de chistes, porque les agregaba siempre algo y le ganaba la risa antes de acabarlos de contar. Le oí muchas veces contar mal el chiste memorable del mesero que escucha la pregunta de un cliente malencarado: ‘¿Tiene pato salvaje? Pato salvaje no trabajamos hoy’, le contesta el mesero, ‘pero si gusta le encabronamos un pollito’. Lo que quiero decir con todo esto es que voy a recordar mucho a José María Pérez Gay. Voy a recordarlo riendo"”.

En la ceremonia, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, lo definió como un hombre de izquierda, “comprometido con el conocimiento y con la política, cuyo legado quedará para siempre entre nosotros”.

“México pierde a un hombre de gran catadura intelectual: amante de la literatura, pensador intenso y apasionado de voz grave y semblante insensible, que daba la impresión de ser un gran conversador.

“Quienes lo conocimos fuimos deslumbrados por aquella mezcla de erudición y encanto.Quienes lo leyeron descubrieron diversos mundos en México”, destacó el funcionario local.

Desde su perspectiva, su pérdida supone el fallecimiento de una de las más luminosas y atractivas trayectorias en el ámbito de los saberes y pasiones sobre la literatura y la lengua alemana que han dado nuestro país, “como filósofo que era siempre le caracterizó su preocupación por los demás, era un hombre leal a las causas sociales”.

Proyección internacional

Desafortunadamente la noche de homenaje comenzó con un equívoco, cuando le atribuyeron al homenajeado una frase que en realidad le pertenece a uno de sus traducidos más entrañables, Herman Broch: “La literatura nunca salvará al mundo, pero sin la literatura el mundo no merecería ser salvado”, según aclaró Rafael Pérez Gay al comenzar una noche de evocación de los diferentes rostros de Chema, como era conocido el traductor y diplomático hasta por quienes solo eran sus lectores.

Arnaldo Córdova centró sus evocaciones en el sentido de la política; Elena Poniatowska y Héctor Vasconcelos en la estrecha vinculación que tuvo los últimos años de su vida a Andrés Manuel López Obrador, al hombre de pasiones, mientras el escritor nicaragüense Sergio Ramírez extrajo de sus memoria los años que compartieron en Berlín, cuando la gran mayoría de los latinoamericanos preferían resguardarse en París.

Fue precisamente Sergio Ramírez quien destacó que José María Pérez Gay fue fundamental para la cultura mexicana de nuestro tiempo, como escritor de ficciones, ensayista, traductor, como maestro de literaturay como promotor cultural.

“"Por todo eso, su figura tiene una proyección latinoamericana que queda reflejada en la variedad y profundidad de su obra. Un hombre convicciones firmes, dueño de una conciencia ética que fue su marca, en una época como la de hoy, cuando las palabras conciencia, ética, convicciones, parecen más bien piezas de un museo clausurado"”.

Diferentes maneras de recordar a un personaje del que apenas se empezará a contar su historia.

LOS DÍAS DE HERMANDAD CON RAFAEL

Al escritor y editor Rafael Pérez Gay le ha tocado la tarea de hablar de su hermano en los últimos días yen sus remembranzas se entretejen la cercanía filial y la admiración profesional, por lo que se propuso resaltar lo que le tocó experimentar a Chema en sus años alemanes, que de alguna manera influyeron para convertirlo en un joven liberal mexicano en Berlín.

“Mientras leía sus cartas y se me enquistaba en el alma su muerte, me salió al paso un joven estudiante de filosofía que había encontrado en el humanismo una razón de ser y en la literatura una razón profunda de su alma: la ética y la política social deben ser los pilares de una mejor comprensión de la naturaleza humana, de eso trata al final el humanismo."”

Pero en esas evocaciones, el hermano no podía estar ausente, sobre todo a partir del humor, “"festejábamos juntos el chiste de Woody Allen: ‘cada vez que oigo a Wagner me dan unas ganas enormes de invadir Polonia’"”.

“"Sin humor, nuestra hermandad no hubiera sido nada. Ante el ataúd de mi hermano recordé que cuando yo tenía seis años y él 20, montábamos un arte dramático en el cual él era el Santo y yo Blue Demon. En algún lugar siempre seremos esos dos enmascarados en busca de sus sueños."”

JESÚS ALEJO SANTIAGO