16 de febrero de 2013 / 06:24 p.m.

El pontífice sostuvo una reunión con el mandatario de Guatemala, Otto Pérez, quien le obsequió una imagen de la Virgen del Rosario.

 

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI agradeció hoy los saludos enviados por los mexicanos con motivo de su renuncia, durante la audiencia privada que concedió al presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.

Al finalizar su encuentro con el mandatario y los saludos a la delegación oficial del país centroamericano, el pontífice cumplimentó durante unos instantes al corresponsal de Notimex en El Vaticano, a quien le expresó gratitud por los mensajes de cercanía del pueblo mexicano.

Al obispo de Roma se le vio en buena forma, pese a sus casi 86 años. Se mostraba lúcido y presente con el pensamiento, aunque ya se le advierte encorvado, con profundas arrugas en el rostro y con dificultades para caminar.

Su secretario personal y prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, también se mostró sonriente y realizando sus labores con normalidad, pese a la inminente renuncia de su jefe.

En los últimos días había mostrado un rostro adusto, emocionado hasta las lágrimas.Por el contrario este sábado estuvo afable con la pequeño grupo que participó en la audiencia privada al mandatario guatemalteco, que tuvo lugar en la biblioteca personal del pontífice ubicada en el segundo piso del Palacio Apostólico del Vaticano.

Las actividades en el "Estado más pequeño del mundo" parecen continuar con normalidad, salvo por una extendida sensación de cambio ofuscada por el hecho que el Papa actual todavía reina y mantiene su agenda oficial hasta el próximo 28 de febrero.

Poco después de las 10:45 horas local (08:45 GMT), la comitiva de Guatemala encabezada por el presidente- llegó hasta la Sala Clementina del Palacio Apostólico, donde estaba dispuesto un "piquete" de la Guardia Suiza Pontificia, una formación de hombres uniformados con sus trajes amarillos y azules.

El grupo fue acogido por los "gentilhombres" del Papa, el cuerpo de notables que acompañan a los jefes de Estado para las audiencias y fungen como ayudantes de la corte pontificia. En dos filas precedieron a la delegación, marchando hasta la llamada Sala del Ángulo.

Allí esperaron hasta que el mandatario fue recibido por el líder católico, unos cuatro minutos después de las 11:00 horas en la Sala del Troneto, la antecámara de la biblioteca.

Pérez Molina fue al encuentro de su anfitrión y le tomó la mano. Joseph Ratzinger le dijo: "Bienvenido señor presidente!" en español, y él respondió: "Mucho gusto!".

Luego ambos ingresaron a la biblioteca, donde se sentaron ante un gran escritorio.

El pontífice tenía, a su izquierda, un intérprete de la Secretaría de Estado vaticana, quien fue traduciendo del italiano al español todas las palabras.

"Sabemos de las dificultades de Guatemala y del problema de la droga, así como de los esfuerzos para sacar el país adelante", dijo el líder máximo de la Iglesia, con una voz casi imperceptible. El presidente respondió: "Gracias por haberme concedido esta cita".

Inmediatamente después se cerraron las puertas, eran aproximadamente las 11:09. Fueron unos 25 minutos de coloquio privado y al regreso ambos se habían dirigido a la parte trasera de la sala, donde estaba todo listo para las presentaciones oficiales.

El mandatario fue presentando, uno a uno, a algunos integrantes de su familia. Su esposa Rosita Leal, su hija Lizette Pérez, su nuera Luisa Isaacs, así como sus cuatro nietos de 15, 13, 11 y 9 años. Al Papa le provocaron simpatía los niños, a quienes saludó afectuosamente.

Luego se pasó a la parte oficial, con la presentación del canciller Fernando Carrera, el secretario de comunicaciones Francisco Cuevas, la asistente Verónica García, el secretario de asuntos administrativos Walter Zepeda, el embajador Alfonso Matta Fassen y la encargada del protocolo, Celeste Martinelli.

Entonces ambos se acercaron a una pequeña mesa donde estaban colocados los obsequios.

El presidente entregó una imagen de la Virgen del Rosario de plata y cobre, un rosario de jade y una copia del libro "Contemplaciones. Historia, arte y cultura de la Semana Santa Guatemalteca".

Benedicto XVI se mostró interesado por los obsequios, en especial por la Virgen que le pareció "hermosa" y por el libro, que hojeó unos instantes. Luego afirmó que sus regalos eran más modestos: la medalla de su pontificado y una estampa con vista a la Plaza de San Pedro que data del siglo XVII.

Al final el Papa acompañó a Otto Pérez Molina y a su esposa hasta la puerta de la biblioteca, donde ellos se despidieron.

NOTIMEX